Hace ya un año desde la última vez que nos reunimos en las calles a gritos de rebeldía. Un año ya de ese 8 de marzo tan confuso donde la información acerca de la COVID 19 aún era escasa  y nos encontrábamos lejos de imaginarnos todo lo que estaba por llegar. Pocos días después se instauró el estado de alarma, y las pantallas se convirtieron en nuestros nuevos espacios de socialización, encuentro y rebelión.

Hoy, nos encontramos con un 8 de marzo extraño y lleno de polémica sobre si se debe o no salir a las calles, aunque eso sí, con unas limitaciones claras y con la mascarilla como nuevo complemento obligatorio. El miedo a salir  y a juntarse con mucha gente es legítimo después de este año de encierros y duelos, por ese motivo una de las prioridades en este día internacional de la mujer tan peculiar es conseguir esbozar actividades y protestas accesibles a cualquier persona y en cualquier situación. Pero si algo tenemos claro es que el 8 de marzo, sea en casa o con distancia de seguridad y mascarilla, debe seguir siendo un día de lucha y reivindicación porque el patriarcado no entiende de pandemias.

La pandemia nos está exponiendo a escenarios que nunca antes habíamos vivido: un confinamiento en casa de más de dos meses, cierres de colegios, teletrabajos y un drama social persistente que nos enfrenta a la muerte cada día.

Los estudios más recientes revelan que el impacto de la COVID 19  ha ahondado todavía más en la brecha de género ya que las secuelas de una crisis nunca son neutrales. El coronavirus, nos evidencia una vez más, la brutal desigualdad vigente en esta sociedad donde somos las mujeres las que siempre nos llevamos la peor parte.

Antes de la crisis sanitaria, las cifras ya hablaban de que las mujeres dedicaban 3 veces más  tiempo que los hombres a los cuidados de personas mayores, menores y dependientes, ya fuera de manera remunerada o no. Además, según un informe del Instituto de la mujer, el 70% de las mujeres son las encargadas de realizar las tareas domésticas en el núcleo familiar.

Según las estadísticas del Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE), las mujeres constituyen el 76% de los 49 millones de trabajadores sanitarios de la Unión Europea y el 82% de quienes se dedican a la asistencia domiciliaria formal. En España el 66% del personal sanitario son mujeres según los datos recopilados en el informe del Instituto de la Mujer. En este año de pandemia, la asignación del rol de cuidadora a las mujeres nos ha situado en primera línea de trabajo, donde el riesgo de contagio es más elevado y donde la carga laboral y emocional puede tener un impacto directo tanto en la salud física como en la mental de las mujeres.

A la desigual distribución de tareas de cuidado y domésticas, se le ha sumado, con el cierre de los colegios, aquellas relacionadas con el seguimiento a distancia de las tareas escolares en muchos hogares. Según un estudio creado en la universidad de Zaragoza más del 70% de las madres ha acompañado a sus hijos en las tareas de enseñanza durante la pandemia, algo que ha hecho menos del 70% de los padres.

El teletrabajo ha permitido mantener la actividad laboral de manera segura para muchas personas en época de confinamiento.  En esta nueva forma de entender el trabajo también encontramos muchas desventajas para las mujeres. Éstas se han encontrado con situaciones muy estresantes debido a la doble carga de trabajo, ya que son muchas las que están trabajando y a la vez cuidando. Además, el Instituto de la Mujer ha elaborado un informe en el que señala que muchas mujeres han tenido que dejar de trabajar para cuidar de menores o personas mayores debido al cierre de las escuelas y de los centros de día. Estos datos ponen el foco de alerta sobre el impacto que puede suponer para las mujeres compatibilizar el teletrabajo con las tareas del hogar y de cuidado no remuneradas debido, en parte, a la disolución de los horarios y las expectativas a estar disponible para los dos de forma constante. Esto es especialmente acuciante en aquellos hogares donde no existe corresponsabilidad entre los miembros adultos del núcleo familiar o en el caso de las familias monoparentales (que en un 82% son encabezadas por mujeres). En España, los últimos datos de febrero confirman estos datos: el 70% de las personas que se han acogido al subsidio de desempleo son mujeres. De acuerdo a la última estadística del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), el desempleo atraviesa en mayor medida a las mujeres este último mes.

Otro de los escenarios más escalofriantes que nos ha dejado la pandemia es el aumento de la violencia contra mujeres y niñas a nivel mundial. De acuerdo con los datos que maneja el Consejo General del Poder Judicial, un total de 113.615 denuncias han sido presentadas en lo que va de año en nuestro país, a falta de la información relativa al cuarto trimestre: el 71,3% presentadas por la propia víctima, el 13,4% por parte de la policía, el 9,6% a raíz de un parte de lesiones recibido directamente en el juzgado, el 2,05% gracias al paso de sus familiares y el 3,5% por terceros.

El aislamiento con los agresores, el distanciamiento con otros familiares o amigos y la poca información sobre la apertura o cese de recursos especializados ha reducido la posibilidad de pedir ayuda, y por ende, la de recibir protección ante situaciones de violencia. Debido a estas dificultades, durante el confinamiento se crearon nuevas herramientas para facilitar el contacto y la petición de ayuda en situaciones de riesgo o emocionalmente devastadoras. Una de estas herramientas novedosa fue la asignación de un número móvil para poder chatear online con profesionales especializadas en violencia de género, ya que en muchos hogares la llamada telefónica podía suponer un riesgo mayor. Según los datos recogidos por la Delegación de Gobierno contra la violencia de género en los primeros días del confinamiento las llamadas aumentaron un 12,43% y las consultas online un 269,57% entre el 14 y el 29 de marzo. En el mes de abril, las llamadas aumentaron un 60% y las consultas online un 586% respecto al mismo periodo del año anterior. Las 8.692 llamadas de abril constituyeron la cifra más alta de los tres últimos años.

El coronavirus ha vuelto a poner de manifiesto que las mujeres debemos seguir reivindicando espacios, físicos o cibernéticos para alzar la voz unidas y reclamar lo que nos pertenece, una vida libre de violencias.

Elisa Roca Albertos
Psicóloga sanitaria

Notas

https://www.unwomen.org/en/docs?publishing_entity=e7ef78d9dc2c4b2a9f8bbee5aa726447

https://www.rtve.es/noticias/20200508/mujeres-coronavirus-trampa-teletrabajo/2013596.shtml

https://www.lavanguardia.com/vida/20200504/48962995216/mujeres-teletrabajo-estres-confinamiento-estudio-coronavirus.html

https://maldita.es/malditateexplica/20201225/pandemia-coronavirus-violencia-genero-25n-menos-victimas-denuncias-mas-llamadas-016-confinamiento/

https://www.publico.es/sociedad/reparto-tareas-pandemia-32-5-hombres-no-casa.html

https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/03/07/estado_igualdad_tras_pandemia_117505_1012.html

https://vientosur.info/mujeres-cuidados-y-trabajo-en-tiempos-de-pandemia/

Rimbau-Gilabert, E. (2020). ¿Cuál es el posible efecto del teletrabajo preferente sobre el reparto de tareas domésticas entre hombres y mujeres?

https://www.inmujer.gob.es/MujerCifras/Violencia/Macroencuestas.htm

Ferrer, V. A., Borrás, R. y Bosch, E. (2018). Los retos para conseguir una igualdad efectiva de oportunidades entre mujeres y hombres en el trabajo. Gaceta Sindical: Reflexión y Debate, (30), 143-161.

Varela, N. (2018). Cansadas. Penguin Random House, Grupo Editorial.

 

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