Actualmente, el mensaje de las autoridades sanitarias en diferentes partes del mundo afirma que tener un peso corporal clasificado, mediante el Índice de Masa Corporal (IMC), como “sobrepeso” u “obesidad” no es saludable. Esta idea es la base de múltiples programas de Salud Pública y de Promoción de la Salud, centrados en la prevención de la “obesidad”. El discurso sobre la salud que se centra principalmente en el peso corporal se denomina Paradigma de Salud Centrado en el Peso (WCHP, del inglés Weight-Centered Health Paradigm) o como Enfoque Normativo de Peso para la Salud (Tylka et al., 2014; Bacon & Apharamor, 2011).

El IMC fue introducido en 1832 por primera vez por Adolph Quetelet, un matemático belga que tenía el propósito meramente estadístico de estudiar poblaciones. El IMC es una fórmula de peso corporal total (en kilogramos), que inicialmente se llamó Índice de Quetelet y nunca se pensó como una medida cuantitativa de salud humana ni de grasa corporal. Las medidas de Quetelet fueron tomadas en participantes franceses y escoceses, es decir, en hombres blancos; lo que deja fuera a la mayoría de la población mundial. No fue hasta mediados del siglo XX cuando el IMC se incorporó a la medicina, como medida de salud, desde organizaciones internacionales, incluyendo la Organización Mundial de la Salud.

Diversas investigaciones han puesto de manifiesto de qué manera la utilización del IMC como medida de la “obesidad” y los trastornos relacionados con ésta, conlleva numerosas limitaciones; como dar por hecho que una persona con un peso que entraría en el rango de “obesidad” y diagnosticarla o definirla como insana o, al contrario, igualar el hecho de tener lo que en la clasificación mediante el IMC se considera “normopeso” a ser saludable.

El IMC no diferencia entre el peso de diferentes estructuras corporales como los huesos, los órganos, los músculos, los fluidos o la grasa. Por ejemplo, el IMC de una persona musculosa podría ser superior a lo que el IMC considera como “normopeso” y eso le situaría en las categorías de “sobrepeso” u “obesidad”.

Además de todo lo expuesto, la ciencia ha demostrado de forma repetida que una medida diseñada por y para personas blancas es incluso menos precisa para personas negras y racializadas. Esto puede conducir a múltiples errores. Según estudios publicados por la Endocrine Society, el IMC sobreestima la gordura y los riesgos para la salud de las personas negras; y según la OMS, el IMC subestima los riesgos para la salud de las personas asiáticas, lo que puede llevar a sobrediagnósticos e infradiagnósticos.

El IMC no puede decir nada sobre la salud de una persona: cómo come, qué actividades realiza, cuánto estrés o qué historial familiar o médico tiene. No podemos conocer el estado de salud de alguien con solo mirarle. La única razón por la que este indicador puede interesarnos es para (I)ncluir (M)ás (C)uerpos.

 

La salud es un concepto complejo, que evoluciona a través del tiempo gracias a la investigación y a los cambios que se producen en las formas de vida de todas las personas; y que está determinada por muchos factores individuales, sociales y relacionales. Ningún marcador de forma aislada puede determinar la salud de una persona. Incluso, cuando se trata de “salud”, nadie se la debe a nadie, y todas las personas merecen respeto independientemente de su peso, tamaño corporal, habilidades o capacidades. Patologizar los cuerpos no hace ningún bien a nadie, interpretar a los cuerpos en base a datos biológicos que son clasificados en categorías de enfermedad ¿cómo podría ser positivo para la salud que alguien sienta que su cuerpo tiene algo incorrecto? Todos los cuerpos son buenos cuerpos, por ello, dejemos de marginar a los cuerpos no normativos. Todas las personas, tengan el cuerpo que tengan, merecen respeto pase lo que pase. Esto último parece obvio, pero no está de más recordarlo para no caer en discursos gordófobos, capacitistas, etc.

La diversidad corporal, como en todo en la vida, existe.

  Dualism, of course,was not invented in the twentieth Century. But there are distinctive ways in which it is embodied in contemporary culture, giving the lie to the social mythology that ours is a body-loving, de-repressive era. We may be obsessed with our bodies, but we are hardly accepting them.
Susan Bord

Iniciar guerras contra los cuerpos, luchar contra la “obesidad” o el “sobrepeso”, y ser personas más delgadas, no hace que sean más saludables o felices (pese a lo que venden los discursos basados en la cultura de la dieta). Esta(s) guerra(s) han producido y siguen produciendo grandes daños colaterales. La preocupación por la comida y porque los cuerpos se ajusten a la norma, el odio hacia unx mismx, los Trastornos de Conducta Alimentaria, el estigma y la discriminación, etc. Pocas personas están en paz con su cuerpo, porque están gordxs[1] o porque temen engordar.

Frente a los discursos que centrados en el peso y en la patologización de estos, diversxs profesionales de la salud, como Lindo Bacon y Lucy Apharamor, han trabajado y trabajan para llevar a cabo un cambio de paradigma. Este es el movimiento HAES (Health At Every Size; Salud en Todas las Tallas) que cambia el foco del peso a la salud, reconociendo que ésta es resultado de múltiples factores sociales, económicos y ambientales, no sólo un aspecto individual, por lo que requieren una respuesta social y política centrada en el bienestar de todas las personas. Este es un movimiento inclusivo, que reconoce que las características como el tamaño, la raza, el origen, la sexualidad, el género, las posibles diversidades funcionales e intelectuales, etc., influyen la vida de cada persona, pero dan un mensaje de empoderamiento y de auto-respeto para vivir de la mejor forma posible. El paradigma HAES es un marco de justicia social que respeta la diversidad de formas y tamaños corporales, apoya la atención médica inclusiva y rechaza la discriminación por el peso o cualquier característica de una persona y promueven la idea, apoyada por múltiples investigaciones, de que es posible estar saludable y mejorar la salud sin cambiar el tamaño del cuerpo, sin alentar a perder peso o adelgazar.

No hay forma de tener un cuerpo incorrecto. Cuidar el tuyo, más allá de las posibles etiquetas que se le asignen, es un proceso que merece la pena. Seas como seas, aprecia tu cuerpo, confía en él y trátalo como si fuese tu mejor amigx. Tu cuerpo te acompañará siempre. Es tu hogar.

 

Laura Rodríguez – Mondragón

Psicoterapeuta en Nara Psicología

Referencias:

Bacon, L. (2010). Health At Every Size: The Surprising Truth About Your Weight. BenBella Books, Inc.

Body Respect: What Conventional Health Books Get Wrong, Leave Out, and Just … – Linda Bacon, Lucy Aphramor—Google Libros. (s. f.). Recuperado 23 de febrero de 2021, de https://books.google.es/books/about/Body_Respect.html?id=Mqo3BAAAQBAJ&redir_esc=y

What’s Wrong With the ‘War on Obesity?’ A Narrative Review of the Weight-Centered Health Paradigm and Development of the 3C Framework to Build Critical Competency for a Paradigm Shift—Lily O’Hara, Jane Taylor, 2018. (s. f.). Recuperado 19 de febrero de 2021, de https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/2158244018772888

[1] Usamos la palabra «gordx» como adjetivo y no peyorativamente, de manera consistente con los movimientos de aceptación de la diversidad corporal y el uso del lenguaje preferido en la literatura de los Critical Weight Studies.

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