El uso de las nuevas tecnologías es un tema estrella en las reuniones de amigos y amigas con peques y adolescentes. Compartimos nuestras preocupaciones y debatimos sobre lo que nos está sirviendo y lo que no. Nos sentimos sin herramientas para entender y con muchas dudas sobre si lo estamos haciendo bien. Nos pasa a todos y todas y ¡enhorabuena! es una señal fantástica, ya que significa que queremos escuchar y acompañar a nuestros hijos e hijas de la mejor manera posible. 

Cuando nosotros y nosotras teníamos la edad de nuestros hijos e hijas, las nuevas tecnologías no formaban parte del día a día de la forma que ahora lo hacen. Esto nos hace dudar porque no tenemos referentes de educación en el uso de las nuevas tecnologías, como sí ocurre con otros quehaceres de la maternidad y la paternidad, como la higiene o la alimentación. En estos aspectos, tenemos una madre y/o un padre interiorizado de cuando éramos pequeños. Estemos más o menos de acuerdo en cómo nuestros referentes lo hicieron, tenemos ese referente práctico que nos da cierta seguridad. 

Lo que sí que tenemos en el caso de las nuevas tecnologías es mucha curiosidad y ganas de hacerlo bien. También tenemos una gran cantidad de profesionales reflexionando e investigando sobre el tema, así como sacando libros y artículos para ayudar a los padres y madres a tener referentes teóricos en los que poder apoyarse. 

Nativos tecnológicos en la era de la inmediatez

Lo primero que tenemos que asumir es que existe una brecha generacional. Los niños y niñas nacen con “una Tablet debajo del brazo” y somos nosotros y nosotras los que tenemos que enseñarles a relacionarse con esta realidad.

Varios expertos y expertas recomiendan que no se exponga a pantallas a niños y niñas entre cero y dos años. Entre otras cosas, la exposición a las pantallas altera el circuito de recompensa del cerebro, ofreciendo una descarga inmediata de placer y bienestar sin ningún esfuerzo. Por lo que, como ya nos hemos dado cuenta, un bebé se calmará inmediatamente si le ponemos una pantalla delante. El bebé tiene una sensación de malestar, por lo que emite una señal a sus cuidadores “me pasa algo, no se lo que es porque soy muy pequeño/a, ayúdame a entender lo que me pasa”. Lo que puede pasar es que se acostumbre a reducir su malestar con una pantalla y a tener bastantes dificultades en el futuro para identificar de dónde viene su malestar y qué necesita realmente para que este malestar se vaya. 

Esto sería el terreno perfecto para que se desarrolle una adicción, ya que la adicción es la punta del iceberg, bajo la cual está principalmente la dificultad para ponerse en contacto con la necesidad y la evitación de mirar hacia dentro, porque no se cómo hacerlo y me da mucho miedo no saber manejar lo que puedo encontrar. La adicción me ayuda a no mirar qué me está pasando, sea el tipo de adicción que sea. 

Por otro lado, cuando van cumpliendo años y van obteniendo un bienestar inmediato relacionado con el uso de las pantallas, empiezan a darse cuenta de que pueden obtener este bienestar sin prácticamente esfuerzo. Si a esto le sumas que vivimos en una sociedad en la que se fomenta la inmediatez en todos los sentidos, tenemos el caldo de cultivo perfecto para la adicción. 

Las nuevas tecnologías no son buenas ni malas. Lo que es bueno o malo es el uso que hacemos de ellas

Las nuevas tecnologías están en nuestras vidas y sabemos que tienen multitud de beneficios, desde la posibilidad de acceder a información, hasta la facilidad para comunicarnos con personas que están en otros lugares del mundo y crear redes. 

Lo ideal sería poder sacarles el máximo beneficio, disminuyendo los riesgos y para eso, nosotros como padres y madres tenemos que hacernos expertos y expertas en el buen uso de las nuevas tecnologías. Tenemos que conocer a fondo las que usan nuestros hijos e hijas, para poder enseñarles a usarlas y que ellos también puedan sacarles todo el partido posible. 

¿Qué podemos hacer como padres y madres para prevenir la adicción a las nuevas tecnologías?

Respondiendo a la pregunta que da título a este artículo: sí, claro que podemos hacer algo.

Por un lado, además de hacernos expertos y expertas en el buen uso de las nuevas tecnologías para enseñar a nuestros hijos e hijas a utilizarlas, también tenemos que hacer nosotros y nosotras un buen uso de estas, porque los niños y niñas aprenden en gran medida, viendo a sus cuidadores hacer las cosas, a los cuales toman como modelo de referencia. 

Por otro lado, favorecer que existan unas normas de uso en casa. Por ejemplo, regular las horas de uso, que no se pueda dormir con los móviles en el cuarto o que el ordenador esté en un espacio común, para que se pueda supervisar el uso de este. Cuanto más pequeños y pequeñas, más supervisión necesitarán y más responsabilidad tendrán los padres y madres. Lo ideal es que cuando vayan cumpliendo años, si todo va bien, vayan necesitando cada vez menos supervisión y vayan adquiriendo más responsabilidad en el uso de las nuevas tecnologías. Se recomienda también, no usar las nuevas tecnologías como manera de premiar o castigar las conductas de nuestros hijos e hijas.

Por último, fomentar que hagan deporte al aire libre, que conozcan otras alternativas de ocio y otras formas de acceder a la cultura.

¿Cómo puedo saber si ya tiene una adicción? ¿Qué hago en ese caso?

Para saber si nuestro hijo o hija tiene ya una adicción tenemos que fijarnos en tres aspectos principalmente:

  • El control que tiene sobre el uso de las nuevas tecnologías. Cuanto más pequeño sea, más responsabilidad de los padres y madres controlar el uso, ya que ellos y ellas no tienen la capacidad de autocontrol desarrollada. 
  • La alteración de su vida diaria. Hábitos de sueño, alimentación, asunción de responsabilidades…
  • El aumento del uso de las nuevas tecnologías, a pesar de las consecuencias negativas que esto está teniendo para su vida. 

Si crees que tu hijo o hija puede estar desarrollando o presentar una adicción a las nuevas tecnologías, se recomienda pedir ayuda profesional de un psicólogo o psicóloga que os ayude como familia a gestionar esta situación de la mejor manera posible.

Inés Alonso Apausa. Psicoterapeuta de Nara Psicología.

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