Las relaciones de pareja tienen vida, y como tal, también gozan de salud. Podemos decir que la relación nace cuando las personas se conocen y muere cuando se separan definitivamente. Cuando nace presuponemos que lo normal es que goce de salud. Sin embargo, a veces perdemos de vista que es en esos primeros momentos cuando se colocan los cimientos de un proyecto común importante. Durante los dos primeros años, en la etapa de enamoramiento es normal sentir un magnetismo intenso ajeno a todo lo demás contrarrestando aspectos que quizás después cobren importancia. Pasado este período de enamoramiento surge lo que se conoce como “amor maduro”, donde el magnetismo se convierte en otra cosa también fuerte y bonita, pero que deja al descubierto esos cimientos. Si no están bien colocados, ¡hay que hacer obra! Piensa en las siguientes situaciones, y valora con qué frecuencia e intensidad se producen en tu relación de pareja:

No hay forma de acabar la conversación si no es con un “pues vale” o similares: A veces sobre temas importantes, a veces sobre minucias. Pero la sensación general es de ser incapaces de entenderse, no llegar a un punto en común y salir de la situación con frases que den la razón falsamente. No es llegar a acuerdos, es evitar el conflicto. Puede estar muy bien a veces, pero no cuando se trata de un patrón.

Podemos pasar semanas sin relaciones sexuales: Hay tantas formas y expresiones de sexualidad como personas. Sin embargo, para la mayoría de ellas, la sexualidad tiene un papel importante en la relación de pareja. Aun cuando haya causa justificada como la distancia o una enfermedad física puede pasar factura si no se aborda.Cuando algo me molesta utilizo la ironía: En las relaciones es importante poder compartir aquello que produce placer y felicidad, así como lo que no. Poder expresar aquellas emociones que nos inundan cuando algo nos incomoda significa que tenemos la seguridad para hacerlo y la confianza en que servirá de algo. Si en su lugar encontramos ironía contínua quizás no haya tanta seguridad y confianza.
Mi pareja tiene gestos que me irritan: Todo el mundo tenemos manías, dejes, tics, expresiones y gestos que pueden resultar desagradables por momentos. Que no cunda el pánico. Sin embargo, no se trata tanto de que haga esas cosas que me molestan, sino de la variedad de cosas que me molestan, la frecuencia con la que ocurren, el grado de molestia que sufro y por qué creo que lo hace. Imaginad que tenemos una línea continua que va desde que me molesta casi todo lo que hace, en casi todo momento, donde sufro mucho y encima lo hace a propósito ,hasta todo lo contrario.
Me resulta difícil dar o recibir muestras de afecto: Es normal que tengamos momentos más regresivos (donde demandemos más cariño y protección) y momentos más progresivos (donde busquemos autonomía y distancia). Es normal también que fluctúen y a veces sea difícil coincidir en momento con nuestra pareja. No obstante, si durante un largo período dar o recibir cariño es una idea que provoca rechazo debería alertarnos.
Tiendo a pensar que la otra persona es responsable de lo que sale mal: …y por extensión, si sale bien es por mí. Dicotomizar así tiene que ver con sesgos atribucionales, pero también puede ser consecuencia de rencor y malestar acumulado que no ha encontrado solución.
Podemos pasarnos días sin dirigirnos la palabra: A veces, cuando nos enfadamos, es normal que no tengamos ganas de hablar con la otra persona. Como todo, depende de la frecuencia y la intensidad.

Si has respondido afirmativamente a la mayoría de las opciones y se dan con una frecuencia que consideras elevada, es conveniente que tu pareja y tú toméis cartas en el asunto. Lejos de ser un test exhaustivo de evaluación diagnóstica, esta batería pretende ilustrar una serie de aspectos importantes en las relaciones.

Buscar una terapia de pareja os puede ayudar a identificar las causas que originan estos síntomas, atajarlos y obtener una visión diferente y completa de la otra persona.

Jacobo Blanco.
Share This