¿Cómo afecta la cuarentena a nuestros cuerpos?

A medida que las personas alrededor del mundo continúan aislándose en un esfuerzo por prevenir la transmisión del COVID-19, muchas ansiedades se manifiestan entre nosotras. Muchas personas están preocupadas por si tendrán un trabajo o no al final de todo esto, algunas están lidiando con la educación de sus hijas e hijos en el hogar por primera vez, cuestionándose sin cesar si sus esfuerzos son realmente «suficiente». La mayoría se preocupan por cómo se supone que deben mantenerse a sí mismos y a sus seres queridos sanos y seguros mientras se ponen en cuarentena en lugares cerrados. Y, por supuesto, se echa de menos a amigas y amigos, familiares, compañeras y compañeros; incluso hay personas que están pasando esta situación en soledad.

Existe otro temor que, para muchas personas, siempre está presente y preocupa: cómo afectará la cuarentena a sus cuerpos. No hay duda de que el cambio a este aislamiento está exacerbando muchas luchas personales con el peso, la comida y las relaciones con nuestros cuerpos en general. Todo lo que necesitamos para darnos cuenta es pasar 10 minutos en redes sociales.

Lo más probable es ver que alguien bromea sobre los cambios en la imagen corporal. No poder ir al gimnasio o a la peluquería. Y, por supuesto, están las preocupaciones relacionadas con el peso. A medida que muchas personas nos adaptamos a estilos de vida más sedentarios surgen ansiedades relacionadas con la posibilidad de perder a nuestros seres queridos, enfermar o nuestra seguridad laboral, muchas personas también están preocupadas por el posible aumento de peso.

Hay mucho que debatir cuando se trata de cualquier cosa relacionada con la imagen corporal, pero también hay algo realmente simple que debemos tratar de tener en cuenta. Nuestra rutina diaria, en la mayoría de los casos, no tiene nada que ver con lo que era antes de que llegase esta situación. Echamos de menos aquello que podíamos hacer antes. Nuestras “comodidades”, ya sean los momentos que pasamos con nuestros seres queridos, poder quedar a tomar un café o comer con amigas y amigos, nuestros almuerzos con compañeras y compañeros de trabajo o nuestras caminatas por el parque. Todo ha cambiado rápidamente. Quizá podríamos pensar que sería perfectamente razonable (y tal vez incluso de esperar) que nuestros cuerpos también puedan cambiar.

Está permitido tener sentimientos complicados sobre tu cuerpo en este momento.

Experimentar una mayor ansiedad en los momentos difíciles de nuestras vidas es totalmente comprensible. 

Mientras que nunca hay una buena razón para lanzar mensajes estigmatizantes sobre el peso o participar de otra manera en avergonzar a alguien por su cuerpo, por desgracia vivimos en un mundo que nos dice lo contrario (sólo hay que echar un vistazo a las redes sociales y sus memes).

Entonces, cuando nos sentimos fuera de control, como cuando el mundo tal como lo conocemos está volcado, a menudo nos concentramos en nuestros cuerpos porque parece que son una de las pocas cosas sobre las que todavía tenemos algo de poder o control. 

No tenemos control sobre el futuro, por lo que no es sorprendente que muchas personas se centren en la comida y el peso como una forma de manejar sus miedos y temores relacionados con la incertidumbre. Nos da una falsa sensación de seguridad y control, de que todo está bien si nos centramos en una determinada forma de comer o hacer ejercicio para controlar nuestro peso.

Muchos, si no la mayoría, de nosotras y nosotros aprendemos a vigilar nuestros cuerpos desde que somos pequeñas y pequeños. Se nos enseña sobre el valor de nuestra imagen. En cierto modo, vigilar nuestros cuerpos es tan «normal» que inevitablemente nos aferramos a ese comportamiento cuando sentimos inseguridad en otras áreas de nuestras vidas.

Estas ansiedades por nuestros cuerpos buscan la sensación natural que todas las personas anhelamos: la seguridad. Esta pandemia ha creado mucha incertidumbre con el trabajo, la economía, la salud, las relaciones… Por lo que muchas personas se sienten «fuera de control», por lo que es sencillo recurrir al control del peso o la alimentación para tener una sensación de control. 

Todas y todos necesitamos mecanismos de afrontamiento para superar los momentos estresantes, y es inevitable que en este momento las personas que previamente tenían ansiedad, dificultades relacionadas con la alimentación y/o el peso o la imagen corporal, estén viviendo momentos de mayor dificultad. Para todas las personas, la comida es una fuente de comodidad o incomodidad en algunos momentos, “fácil de alcanzar”.

Es totalmente normal si el estrés y los cambios en la rutina afectan a tu cuerpo.

El estrés (que muchas y muchos de nosotras y nosotros sin duda estamos sintiendo en este momento) puede afectar el cuerpo de innumerables maneras, y literalmente de pies a cabeza. El aumento del nivel de estrés puede causar dolores de cabeza, acidez estomacal, niveles altos de azúcar en la sangre, tensión muscular, estados de tristeza y ansiedad, entre otros síntomas.

El estrés puede tener un gran impacto en la salud física y mental, afectando al estado de ánimo, el sueño, los mecanismos de afrontamiento y los recursos disponibles para nosotras mismas y nosotros mismos. Cuando se modifican las situaciones de la vida diaria el estrés puede derivar en diferentes comportamientos. 

Los efectos del estrés son más internos que externos pero debido a que los cambios en los niveles de estrés y ansiedad pueden cambiar nuestros comportamientos cotidianos (como cuánto comemos, dormimos o bebemos), nuestra autoimagen y los sentimientos hacia ella también pueden cambiar como resultado. 

Algunas personas pueden experimentar un aumento del apetito, mientras que en otras puede disminuir. Unas pueden necesitar dormir más para distraerse de la angustia y otras pueden sentirse atraídas por la disponibilidad horaria y sentirse más productivas. Cada persona afrontamos las situaciones de forma diferente y no hay maneras correctas o incorrectas de hacerlo. Todas y todos tenemos una serie de hábitos y tenemos rutinas que nos dan una estructura. Si de repente esto cambia drásticamente, necesitamos encontrar un nuevo equilibrio que nos funcione a cada una y cada uno. De esta manera, el cuerpo se adaptará al nuevo estilo de vida, aunque sea temporal. Tu cuerpo lo hará lo mejor que pueda para protegerte y adaptarse a la nueva situación, incluso en momentos de crisis. Quizá ayude reducir la velocidad y reconocer lo que necesitamos en estos momentos y, día a día, centrarnos en lo que podemos controlar; escuchando nuestras emociones y nuestro cuerpo. Respecto al tema alimentario esto puede significar que necesitamos reducir la velocidad, comer alimentos que nos conectan con recuerdos felices. Si se producen cambios corporales como resultado de estos, son neutrales moralmente, no buenos ni malos. Ellos simplemente son.

Encontrar la mejor manera de cuidarse es difícil a veces y sería muy importante y positivo dejar de emitir juicios sobre como cada persona toma esa decisión, incluso con nosotras y nosotros mismos. Después de todo estamos buscando y poniendo en práctica maneras de superar una situación difícil.

¿Qué podemos hacer para ayudarnos a llevar los cambios?

Quizá nunca ha habido un mejor momento para desmantelar las construcciones de belleza que nos perjudican a todas y todos.

¿Realmente queremos pasar el tiempo que tenemos, por mucho tiempo que sea, odiando, maltratando o tratando de cambiar nuestros cuerpos?

Tal vez sea una buena ocasión para descansar, limitar las noticias que vemos, oímos y leemos; así como las redes sociales. Podemos darnos permiso para comer cualquier alimento que nos apetezca y al que tengamos acceso sin vergüenza. Podemos darnos permiso para hacer lo mínimo. 

Está bien hacer el «mínimo». También está bien ser productiva o productivo cuando puedas serlo. Está bien comer más. Está bien hacer menos ejercicio. Está bien encontrar nuevas formas de hacer ejercicio desde casa. Está bien disfrutar de diferentes comidas a las que normalmente comerías. Está bien dejar de contar calorías. Está bien quedarse viendo películas, series o escuchando música. Está bien subir de peso. Está bien dejar que tu pelo cambie y se vuelva gris o del color que sea. Está bien que tu cuerpo se adapte a los cambios que está experimentando. Está bien perderse cosas. Está bien disfrutar cosas nuevas también.

A pesar de que no hay una forma «correcta» o «incorrecta» de sentirse, o de estar durante el confinamiento, es un momento oportuno para conectarnos con nuestro cuerpo de una manera que normalmente no hacemos por diversos motivos. 

Recuerda que tú, como todas y todos, lo estás haciendo de la mejor manera que puedes.

Laura Rodríguez-Mondragón, psicoterapeuta de Nara Psicología

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