Año nuevo, momento de aprendizajes y deseos.

Foto: Quino, Mafalda.

El día 1 de enero se inicia el nuevo año en muchos países del mundo. Parece ser que el origen de estas celebraciones de año nuevo que se celebran en las culturas occidentales, son las fiestas romanas que se hacían en honor al Dios Jano, el Dios de las transiciones, de las dos caras: una que mira al final y otra que mira al comienzo. Podríamos decir que es un periodo de pausa y reflexión que ha continuado hasta nuestros días.

En España, las familias se reúnen la noche del 31 de diciembre para celebrar el fin del año que se termina y dar la bienvenida al que entra. En todas las casas se juntan para comerse las doce uvas, ritual que con el que se espera un futuro de buena suerte y prosperidad. Una uva por cada mes del año para que nuestros buenos deseos se cumplan. En Italia, por ejemplo, se toman lentejas con el mismo objetivo.

La toma de uvas representa ese mirar hacia delante, sin embargo, en otros países de Latinoamérica se celebra el año nuevo quemando un muñeco hecho de papel y cartón que representa a un personaje negativo del año o alguna situación no gratificante que se ha vivido en el año que se despide. En algunos países como Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela al muñeco directamente se le llama “Año Viejo”.

Asimismo, en Sudáfrica, Johannesburgo, se deshacen de los objetos que no desean conservar de cara al año nuevo, tirándolos literalmente por la ventana. En otros países de África como Etiopía o Costa de Marfil el año nuevo se celebra en otras fechas, más influenciadas por otros ciclos anuales, como el fin de las lluvias (septiembre) o después de la cosecha (octubre) respectivamente.

En China el año nuevo se celebra durante varios días y no tiene una fecha fija cada año. El período de celebración varía entre el 21 de enero al 20 de febrero. Se llama Año Nuevo Lunar o Fiesta de la Primavera y se relaciona también el comienzo de la época de siembra, la bienvenida de la primavera y la despedida del invierno. Las familias se reúnen y realizan rituales para atraer la buena suerte, como limpiar sus casas con escobas viejas para deshacerse de los malos augurios y adornarlas con el color rojo que ahuyenta la mala suerte.

El componente común en casi todas las culturas es el de reunirse con los seres queridos, intentar despedirse de las dificultades del año que termina y dar la bienvenida al nuevo año con toda la suerte y buenos deseos.

¿Y tú? ¿Cómo celebráis en vuestra casa esta fecha tan señalada? ¿Qué te gustaría que pasara en el año que entra? Mucha gente aprovecha el cambio de año para reflexionar e identificar los deseos y propósitos para el año siguiente.

Te animamos a que no olvides que de todas las dificultades que hemos atravesado en el año que dejamos, podemos sacar aprendizajes e identificar las fortalezas que hemos desarrollado, que ya pasan a formar parte de nuestra historia y de lo que somos. Intenta reflexionar, integrar y elaborar los momentos adversos y reflexiona sobre lo que has aprendido.

Asimismo, si te has decidido a plantearte nuevos propósitos para el año entrante, establece objetivos realistas que puedan cumplirse, ya que si son muy difíciles o exigentes, podemos encontrarnos con frustración o sensación de fracaso. En cambio, si estos propósitos se apoyan  en deseos que tengamos y hábitos ya establecidos, serán mucho más fáciles de integrar en nuestras rutinas.

Paloma García Bas

Psicóloga Sanitaria

Bibliografía:

 

 

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