Día Internacional Contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños.

Día Internacional Contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños.

El 23 de septiembre es el día Internacional Contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños que fue instaurado en la Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas y en coordinación con la Conferencia de Mujeres que tuvo lugar en Dhaka, Bangladesh, en enero de 1999. Se conmemora la primera norma legal en el mundo contra la prostitución infantil que se promulgó ese día en Argentina, en el año 1913, conocida como “Ley Palacios”. En el año 2013 la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas decretó el 30 de julio como Día Mundial contra la Trata de Personas.

Desde Nara psicología queremos denunciar que la trata de personas es la esclavitud del siglo XXI y el tercer negocio más lucrativo del Crimen Organizado después del negocio de las armas y la droga. Esta violación de derechos humanos, afecta a más de 21 millones de personas en el mundo, en la que el 80% son mujeres y niñas y el 70% son víctimas de explotación sexual.

En el año 2000 se elabora el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres, niñas y niños. El Protocolo de Palermo define la trata de personas como “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

En la esclavitud, los tratantes se aprovechan de su poder frente a la víctima debido a las situaciones de vulnerabilidad en las que se encuentran derivadas de factores como los procesos migratorios, la violencia de género, desigualdad, pobreza, desastres naturales, conflictos armados, utilizando así la violencia psicológica entre otras. El tratante, deshumaniza a la víctima comercializándola y convirtiendo a esta persona en su propiedad y mercancía.

En febrero del 2021, Naciones Unidas denuncia que se triplica el número de niñas y niños entre las víctimas de trata de personas a nivel mundial. Además afirma que las niñas son explotadas principalmente con fines sexuales, mientras que los niños lo son para trabajos forzados.

En las víctimas de trata se produce un gran deterioro psicológico al afrontar experiencias extremas de supervivencia de manera constante destacando la pérdida de control y seguridad en sus vidas llegando a generar un profundo sentimiento de indefensión.

Las instituciones públicas tienen la obligación de prevenir el delito y perseguir el crimen, sin embargo, es importante una atención de calidad a las víctimas que garantice sus derechos incluyendo la atención psicológica. Asimismo, es indudable que se debe actuar sobre la demanda que promueve esta esclavitud de personas, en especial mujeres y niñas.

Paloma García Bas

Relaciones que sanan

Relaciones que sanan

¿Os habéis planteado alguna vez el poder sanador que tienen las relaciones? Es más habitual que escuchemos hablar sobre las relaciones tóxicas, las relaciones que nos dañan y el poder que esto tiene sobre aspectos tanto relacionales como individuales: nuestra autoestima, la seguridad en nosotras mismas, la confianza, etc. De una manera similar a la que algunas relaciones nos dañan, otras nos pueden sanar.

La primera relación que tenemos es con la persona que nos gesta y está demostrado que, desde antes de que nazcamos, esta relación está teniendo una influencia sobre nosotras, sobre todos nuestros sistemas. Una vez que salimos al mundo, se empiezan a establecer relaciones con nuestras figuras de apego. La relación con estas figuras nos abrirá el camino al mundo relacional y ahí aprenderemos muchas cosas sobre las relaciones, el mundo y nosotras mismas.

Se ha estudiado en profundidad desde la psicología y la medicina, la influencia que tienen estas primeras relaciones en la vida de la persona. El poder que tienen, tanto de dañar como de sanar. Una niña se cae y busca a su primera relación y la más significativa por el momento, para que le de sentido a su experiencia. El sentido de su experiencia puede ser que el mundo es un lugar seguro en el que tu figura significativa está ahí para cantarte el “cura sana” o que es mejor no contarle a esta figura lo que te ha pasado porque se va a enfadar. En nuestra cultura, el “cura sana” es un gran ejemplo práctico y a pequeña escala de cómo las relaciones curan. Te miro, estoy ahí, no me asusto, te toco dónde te has hecho daño… y “mágicamente” el dolor se pasa.

El pequeño o pequeña va creciendo y se va ampliando su universo relacional. Esto traerá relaciones con un potencial tanto dañino como sanador, aunque unas tendrán más influencia que otras sobre la persona. Sobre todo, dependerá de la importancia que esta relación tenga para la persona o la importancia que tenga el contexto o el suceso en el que tuvo lugar el encuentro relacional.

Un ejemplo de relación con un gran potencial sanador es la relación psicoterapéutica. Hace unos años, se investigó qué aspectos de la psicoterapia tenían mayor impacto en el cambio de las personas y se descubrió que el factor que más influye en este cambio es el vínculo establecido entre psicoterapeuta y paciente. Se observó que el hecho de que las personas nos sintamos en un espacio seguro, en confianza, escuchadas, etc., tiene un mayor impacto que, por ejemplo, la corriente psicológica que se utilice. Esto sucede porque las relaciones sanan, sentirte en un lugar seguro y con alguien que te apoya y acompaña en el proceso y un lugar al que puedes volver cuando te equivoques y cuando algo te duela, sana. Saber que una persona te va a estar esperando para ver qué a pasado y encontrar la manera que más te sirva a ti, sana. Que tu psicoterapeuta pueda comprender cómo te han dañado tus relaciones del pasado y ofrecerte una relación que se base en lo que necesitas reparar, sana.

Es importante que seamos conscientes de que nuestras relaciones pueden sanarnos a nosotros, nosotras y a las otras personas, poniendo atención y consciencia, siendo responsables afectivamente, cuidando nuestras heridas y las de las otras personas.

 

Inés Alonso Apausa

Psicoterapeuta en Nara Psicología

Mindfulness y meditación

Mindfulness y meditación

Empieza septiembre y con él un nuevo curso, que suele venir acompañado de buenos propósitos, entre los cuales quizás se encuentre integrar nuevas prácticas que puedan hacernos sentir mejor en nuestro cotidiano. Por este motivo, en este artículo vamos a abordar uno de esos nuevos hábitos saludables a nuestra disposición: la meditación.

A lo largo del artículo veremos qué es la meditación, cuál es su historia, qué beneficios puede tener y haremos una breve aproximación a su práctica. Para terminar dejaremos algunos enlaces que pueden ser de interés si en algún momento decidís incorporar esta práctica a vuestra vida.

A nivel etimológico, la palabra meditación proviene del latín meditari, que puede traducirse como «pensar, contemplar y reflexionar». En otras palabras, podríamos considerar la meditación como una forma de entrenar la mente para lograr un estado de calma. Este entrenamiento persigue desarrollar una mayor toma de conciencia y perspectiva de la vida y facilita estar presente en el aquí y ahora, sin vivir pensando en el pasado o proyectándonos en el futuro.

Aprender a desarrollar la capacidad de estar más presentes en el aquí y el ahora puede ayudarnos también a vencer el miedo, la ansiedad y la confusión, cambiando la forma en la que nuestra mente piensa y reacciona de forma automática. Aunque existen diferentes técnicas de meditación, todas persiguen lo mismo: aumentar nuestro bienestar físico, mental y emocional.

Nos parece importante señalar aquí que, a pesar de que la meditación haya sido practicada históricamente en muchas religiones de todo el mundo (incluído el budismo, el hinduísmo, el jainismo, el sijisimo, el taoísmo, el judaísmo y el Islam), no es en sí misma una religión, sino una herramienta que puede ayudarnos a mejorar nuestra memoria y nuestra capacidad de concentración además de ayudarnos a desarrollar una mayor capacidad de autorregulación emocional, como veremos más adelante.

La historia escrita sobre la meditación se remonta alrededor del año 1500 a. C, pero teóricamente sus inicios son bastante anteriores. Dado que no hay pruebas escritas de ello, es difícil saber exactamente cuándo se comenzó a meditar, pero se cree que fue hace unos 5000 años.

A lo largo de los años 500 y 600 a. C la meditación se desarrolló en el taoísmo de China y en la India budista. Es mencionada en los Yoga Sutras, el  primer texto sobre Yoga escrito por Patanjali (siglo III a. C), erudito de la India, considerado la base de esta disciplina milenaria. En dicho texto, la meditación aparece como Dhyana o uno de los ocho estadíos del yoga (el camino que toda/o yogui debe seguir para ir superando los obstáculos que se van presentando a lo largo de la vida). Según Patanjali, en este estadío «el tiempo se detiene y la noción del tiempo y del espacio se pierde quedándonos en un punto neutro».

Mucho tiempo después, en el siglo VIII d. C, el monje japonés Dosho abre la primera sala de meditación en Japón. Paralelamente, en 1227 un sacerdote japonés (Dogen) escribe las instrucciones para Zazen, una forma de meditación sentada que se practica en el budismo zen.

Más recientemente, a mediados del siglo XX, la meditación se extiende por Occidente y profesoras/es e investigadoras/es comienzan a estudiar sus efectos y beneficios. En este sentido, cabe destacar los estudios del Dr. Herbert Benson en la Universidad de Harvard y de Jon Kabat-Zinn, en la Facultad de Medicina de Massachusetts. Este último fue el creador del primer Centro para la Atención Plena en la Universidad y de la Clínica para la reducción del estrés.

Es en este periodo (alrededor de 1970) cuando Kabat-Zinn elige el nombre mindfulness (un antiguo sinónimo de «attention» en inglés) para nombrar la meditación en su programa, tratando de evitar las reticencias existentes en ese tiempo hacia la mística oriental. Es en este momento también cuando mindfulness adquiere su significado actual: la conciencia que surge de prestar atención intencionalmente al momento presente, sin juzgar, apegarse o rechazar la experiencia que se despliega momento a momento (Kabat-Zinn, 2013).

Alrededor de estos años comienzan a desarrollarse estudios científicos que tratan de demostrar los efectos positivos de la meditación en el cerebro y el cuerpo. En abril de 2006 se publica un estudio realizado por Kabat-Zinn y otras/os colaboradoras/es (Kabat-Zinn, Massion, Kristeller, Peterson, Fletcher, 2006) sobre la efectividad de la meditación para tratar los trastornos de ansiedad

En el estudio participaron 22 personas, todas con diagnóstico de trastorno de ansiedad o pánico. A las/os participantes se les enseñó meditación y un terapeuta los evaluó todas las semanas antes y durante el programa, así como mensualmente tres meses después. Los resultados mostraron reducciones significativas en las puntuaciones de ansiedad y depresión en 20 de las/os 22 participantes, tanto durante el programa como después de finalizar el mismo.

En una revisión sistemática de casi 19000 estudios realizada en 2014 desde la Universidad de Baltimore (Goyal, Singh y Sibinga, 2014) para determinar la eficacia de programas basados en la meditación o mindfulness para mejorar los síntomas relacionados con el estrés (ansiedad, depresión, salud mental, uso de sustancias, calidad de vida, hábitos alimenticios, sueño y dolor, entre otros), los resultados mostraron también que  la sintomatología ansiosa y depresiva se redujo, incluso después de un único programa de meditación de 8 semanas.

Más recientemente, en un artículo publicado en el New York Times (Creswell, 2016), se recogen los beneficios de la práctica de mindfulness para lidiar con el estrés y diversas enfermedades. La muestra estuvo compuesta por 35 personas, hombres y mujeres desempleados/as, en búsqueda activa de trabajo y sometidos a una situación de estrés (falta de empleo).

Durante el estudio, la mitad de las/os participantes aprendieron técnicas de meditación en un centro de retiro, mientras que a la otra mitad se le enseñaron técnicas falsas. Tras tan sólo tres días de práctica, los escáneres cerebrales de aquellas/os que habían practicado las técnicas adecuadas mostraban  más actividad en la parte del cerebro que se encarga de controlar el estrés y desarrollar estados de concentración y calma.

Para finalizar este artículo, nos gustaría recoger brevemente algunos pasos a seguir a la hora de empezar a meditar (para más información, consultar los enlaces al final del mismo).

En primer lugar, es importante escoger el lugar adecuado. Un lugar con un ambiente tranquilo, donde no vayas a sufrir molestias o interrupciones.

En cuanto a la postura de meditación, normalmente se realiza sentada/o y manteniendo la espalda recta. Puedes hacerlo con las piernas cruzadas o no, en un cojín o en una silla. Lo más importante es que te encuentres cómoda/o y evites distracciones.

Respecto al tiempo, no es necesario empezar dedicándole grandes cantidades. Es preferible comenzar con 5 minutos e ir ampliando el tiempo de práctica a medida que te vayas encontrando a gusto. Idealmente puedes hacerlo por la mañana recién levantada o por la noche (generalmente será el momento en que la mente estará más calmada y será más fácil), aunque puedes elegir cualquier momento.

Durante la meditación puedes mantener los ojos abiertos o cerrados, de nuevo sentirte cómoda/o es importante. Cerrarlos puede ayudar a evitar distracciones. Una vez sentada/o en la postura, puedes llevar la atención suavemente a tu respiración. Si conoces la respiración diafragmática no dudes en utilizarla.

Por último, nos gustaría daros un pequeño consejo: soltar la expectativa. Mientras que algunas personas ven resultados desde que empiezan a practicar, otras pueden tardar días o semanas en empezar a verlos. Cada persona tiene su ritmo y es importante no tratar de forzarlo.

Os dejamos algunas recomendaciones por si queréis iniciaros en esta práctica:

https://www.psyciencia.com/serie-recomendada-guia-headspace-para-la-meditacion/

 https://www.womenshealthmag.com/es/salud-bienestar/a35187117/netflix-meditacion-guia-headspace/

Elena Taranco Pérez
Psicóloga en Nara Psicología

Referencias
Creswell, D., Taren, A., Lindsay, E.,  Greco, C., Gianaros, P., Fairgrieve, A., Marsland, A., Warren, K., Baldwin M., Rosen, R., Ferris, J. (2016). Alterations in Resting-State Functional Connectivity Link Mindfulness Meditation With Reduced Interleukin-6: A Randomized Controlled Trial. Biological Psychiatry, 80, 53-61.  https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0006322316000792

Goyal, M., Singh, S., Sibinga, E. (2014). Meditation Programs for Psychological Stress and Well-Being. A systematic Review and Meta-analysis. Jama Internal Medicine 174 (3). https://jamanetwork.com/journals/jamainternalmedicine/fullarticle/1809754
Kabat-Zinn, J., Massion, A., Kristeller, J., Peterson, L., Fletcher, K., Pbert, L., Lenderking, W., Santorelli, S. (2006). Effectiveness of a meditation-based stress reduction program in the treatment of anxiety disorders. American Journal of Psychiatry, 149(7), 936-943. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/1609875/
Kabat-Zinn, J. (2013). Mindfulness para principiantes. Barcelona. Kairós.

Jugar a videojuegos está de moda

Jugar a videojuegos está de moda

Tras el articulo: Videojuegos y adicción ¿Podemos controlar?, en el que se reflexionaba acerca de la adicción y la pérdida de control, vamos a continuar explorando el mundo de los videojuegos centrándonos esta vez en la repercusión social, a nivel de grupo y como forma de ocio.

Para cerrar el tema, en un posterior artículo, se expondrá cómo se relacionan los videojuegos con la violencia.

Más presiones

Recordemos que el mundo de los videojuegos es una industria en alza que mueve grandes cantidades de dinero, intereses y puestos de trabajo. Ello supone que se nos va a presionar, como ya comentamos, desde la publicidad, loot boxes, micropagos, entre otras, para consumir sin medida.

Y si todas estas presiones publicitarias y económicas no fueran suficientes, vamos a sumar una última de carácter más social.

Lo primero sería echar la vista atrás para poder observar cómo, con el paso del tiempo, los videojuegos y todo lo que los rodea han ido tomando protagonismo y pasando de algo en los márgenes (propio de una minoría y en absoluto valorado, rayando en el desprestigio) a una de las formas principales de relación social y forma de ocio en la población joven.

De esta forma, el estereotipo de persona que juega a videojuegos pasa de ser «el friki» excluido a tomar una posición de prestigio y popularidad; invirtiéndose incluso los roles y quedando fuera la persona que no juega: fuera de conversaciones, de grupos y de la vida social. Los videojuegos están de moda.

En este punto en el que los videojuegos aportan popularidad, visibilidad y reconocimiento resulta sencillo ver como esto fácilmente puede convertirse en una presión social. Y aún más durante la adolescencia, periodo durante el cual se vuelve central formar parte del grupo y, en definitiva, ser uno o una más.

Esta presión social se va a sumar al resto de presiones comentadas, fomentando la inversión de grandes cantidades de dinero y tiempo tratando de ser mejor, sobresalir, conseguir una skin exclusiva, un nivel más alto, todos los objetivos del pase de temporada y un largo etcétera que nos convertirán en una persona popular.

A todo esto, no hay que olvidar que es una de las fuentes de ocio más que entretiene debido a la gran cantidad de estimulación que genera y que, además nos mantiene activos y activas frente a otras formas de ocio más pasivas como ver la televisión, por ejemplo.

Y de nuevo, ¿qué podemos hacer frente a las presiones?

Una vez más, ante estos peligros no es raro caer en la tentación de valorar prohibir los videojuegos. Sin embargo, por qué en vez de tratar de sobreproteger evitando entrar en contacto con los peligros, no enfocar el asunto hacia educar y dotar de estrategias, pensamiento crítico o capacidad para autorregularse a la hora de consumir videojuegos.

En mi opinión, el primer punto es aceptar y comprender que los tiempos han cambiado y que para relacionarse con otros niños y niñas ya no solo se juega en la calle o se queda para dar una vuelta, sino que también se juega online a videojuegos. Al igual que sucede con las redes sociales, se han convertido en otras formas de estar en contacto con la gente que nos rodea.

 En segunda instancia, para luchar contra la moda y la popularidad un buen punto de partida sería visibilizar estas presiones, que van a seguir existiendo, para que no nos afecten sin darnos cuenta. A la vez que educamos en ser capaces de darse reconocimiento y valor desde uno o una misma, minimizando la necesidad de reconocimiento externo.

Y, por último, tanto desde la posición de padres o madres como desde la de persona adulta que juegue, impedir que se convierta en lo único en torno a lo que gira mi vida, dejando de lado otras formas de ocio, hobbies, deportes… siendo capaces de ponerle freno y se coma otras esferas de nuestra vida.

De nuevo, la idea es educar y educarse en ser personas con criterio propio, ideas personales y capacidades de afrontamiento que permitan limitar las presiones a que se nos somete en el mundo de los videojuegos y que nos ayudarán con las presiones de cualquier otro de los mundos que nos rodean.

 

Jorge Moreno – Psicólogo de Nara psicología

Día Mundial de las personas refugiadas. 20 de junio.

Día Mundial de las personas refugiadas. 20 de junio.

Imagen: Priscilla Du Preez

El 20 de junio se celebra el Día Mundial del/a Refugiado/a[1] con el objetivo de visibilizar y rendir homenaje a las personas refugiadas y desplazadas de todo el mundo. Desde Nara Psicología también queremos honrar el coraje, fuerza y valentía de todas las personas que se ven obligadas a migrar de su país de origen y poner en valor su resiliencia al reconstruir su vida en un nuevo lugar.

Las personas que se ven obligadas a migrar, han sido víctimas en primera persona de conflictos armados, amenazas o violencia, por lo que presentan fundados temores de volver a sufrir persecuciones por motivos de raza, género, orientación sexual, religión, opiniones políticas o pertenencia a un determinado grupo social.

Las personas refugiadas también presentan gran capacidad de resiliencia, es decir, de sobreponerse a las situaciones extremas que han vivido, sin embargo, existen varios factores que pueden afectar a su salud.

En primer lugar, el duelo migratorio puede afectar a todas las personas que migran de su país de origen. Además, presenta ciertas peculiaridades como su parcialidad (debido a que no es definitiva la pérdida), su recurrencia (se evidencia en la fantasía del retorno) y su multiplicidad, es decir, se dan siete duelos al mismo tiempo (Achotegui, 2000):

  1. Duelo por la familia y amigos: separación y pérdida de los vínculos afectivos.
  2. Pérdida de la lengua: esfuerzo en el aprendizaje, comprensión y comunicación de un idioma nuevo. Pérdida de las frases hechas culturales, del humor, etc.
  3. La cultura: actitudes y concepciones acerca del mundo, formas de comportarse, costumbres, religión, valores.
  4. La tierra: despedida de paisajes, luminosidad, colores, olores, humedad, el cambio de un espacio rural a un espacio urbano.
  5. El estatus social: situación administrativa (regular o irregular), realizar un trabajo diferente a tu formación, vivienda en peores condiciones, menor acceso a oportunidades o menor libertad de elección.
  6. El contacto con el grupo de pertenencia étnico o nacional: hace referencia a la xenofobia sufrida, prejuicios y racismo.
  7. Los riesgos para la integridad física: debido a la extrema precariedad económica, el tipo de trabajo que realizan y que se relaciona con sus condiciones de vida. Asimismo, pueden sufrir agresiones racistas y ser detenidos por encontrarse en situación irregular siendo encerrados y privados de libertad en donde pueden ser devueltos a un lugar que posiblemente no sea su país de origen y tengan que comenzar de nuevo el periplo migratorio.

Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado[2], la gran mayoría de las personas que son atendidas han sufrido experiencias traumáticas en sus países de origen, así como detenciones, torturas, abusos, violaciones y agresiones durante el trayecto migratorio por lo que pueden experimentar sintomatología relacionada con estrés postraumático como pesadillas, somatizaciones, cefaleas, apatía, desesperanza, frustración, altos niveles de hipervigilancia, etc.

Asimismo, en las personas en situación de refugio, debido a la incertidumbre relacionada con los procesos administrativos en los cuales puede ser denegada su solicitud de asilo, aumentan síntomas como la ansiedad, mientras disminuye la percepción de control sobre sus vidas, y perciben el estancamiento de sus proyectos. La denegación de su petición de asilo también se vive como una nueva crisis, debido a que no reciben validación de su experiencia e historia traumática, rompiendo así la creencia de justicia basada en los derechos humanos que Europa supone defender.

Las mujeres se encuentran en situaciones de mayor riesgo debido a la violencia de género transcultural ejercida contra ellas[3]. CEAR informa que en el año 2017 atendió a mujeres que habían sido víctimas de violencia sexual durante el tránsito migratorio. Según un estudio de Naciones Unidas[4], una de cada cinco mujeres desplazadas o refugiadas fueron víctimas de violencia sexual así como tienen más probabilidades de ser captadas para la trata de personas con fines de explotación sexual. Una vez en el país de residencia, los trabajos de interna son ocupados en su mayoría por mujeres dedicándose al trabajo doméstico y de cuidados en donde sus derechos tienen un mayor riesgo de ser vulnerados[5].

Estas situaciones de violencia pueden afectar a la salud mental de las personas en situación de refugio o desplazamiento forzoso, por este motivo, la Directiva 2013/33/UE del Parlamento Europeo y del Consejo obliga a los Estados Miembros a garantizar la salud física y psicológica de estas.

Del mismo modo, debido a la disminución del apoyo social y comunitario relacionado con la pandemia, ACNUR instó en 2020 a los Estados a priorizar la salud mental como respuesta en la atención a las personas refugiadas y desplazadas[6]

Bibliografía:

ACHOTEGUI, J (2000). Los duelos de la migración: una perspectiva psicopatológica y psicosocial. En Medicina y cultura. E. Perdiguero y J. M. Comelles (comp.), pág. 88- 100. Editorial Bellaterra. Barcelona.

[1] https://www.acnur.org/dia-mundial-del-refugiado.html

[2] https://www.cear.es/la-salud-mental-de-los-refugiados-como-superar-el-duelo-migratorio/

[3] https://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/facts-and-figures

[4] https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/women-refugees-and-migrants

[5] https://migrationdataportal.org/es/themes/genero-y-migracion

[6] https://www.acnur.org/noticias/press/2020/5/5ebd55c14/acnur-insta-a-priorizar-la-salud-mental-en-la-respuesta-ante-el-coronavirus.html

¿Qué es la dependencia emocional?

¿Qué es la dependencia emocional?

Cada vez es más habitual encontrarnos con personas que acuden a terapia manifestando que son dependientes emocionalmente de otras y que esto les genera malestar. Muchas veces esta dependencia emocional se da en el ámbito de la pareja, pero no está relacionada exclusivamente con este tipo de vínculo y puede darse en otros como vínculos de amistad o familiares.

Lo primero sería aclarar a que nos referimos con dependencia emocional, ya que es un concepto complejo que puede tener su origen en diferentes experiencias, manifestarse de maneras diversas y contar con factores mantenedores particulares en cada caso. Podríamos decir que hablamos de dependencia emocional para referirnos al patrón psicológico que se produce cuando existe una necesidad permanente y excesiva de afecto hacia una persona.

Los siguientes indicadores en los que podemos fijarnos nos pueden dar pistas acerca de si estamos ante una persona con un patrón dependiente:

  1. Baja autoestima: es una característica muy habitual en estas personas y se generan sentimientos de inadecuación o inferioridad en las relaciones. Tienen la firme creencia de que no son válidas o dignas de amor. Esto se manifiesta en una necesidad constante de agradar a la otra persona para evitar ser rechazadas y se muestran muy inseguras en sus relaciones.
  2. Idealización de la otra persona: la persona o personas de las que se dependen se ven como superiores, sin ningún tipo de defecto. Esto va a generar sentimientos de culpa ya que ante los diferentes problemas que puedan surgir la persona dependiente se va a hacer responsable ya que es impensable que sea culpa de la otra.
  3. Evitación del conflicto: las personas dependientes suelen evitar las situaciones conflictivas que pueden derivar en un abandono. Para ellas, mostrar su desacuerdo puede generar que el otro se enfade y, en consecuencia, la relación se termine o que sean rechazadas.
  4. Miedo a la soledad y el abandono: estas personas prefieren estar acompañadas, y en las situaciones en las que el encuentro no se produce se genera miedo, tristeza y ansiedad. Además, hay un miedo constante a ser abandonadas.
  5. Dificultad para tomar decisiones: estas personas se suelen ver bloqueadas a la hora de tomar sus propias decisiones, necesitando siempre la validación del resto para poder llevarlas a cabo. Tienen la convicción de que sus ideas o argumentos no son tan válidos.
  6. Necesidad de control y fusión: existe una necesidad de pasar el mayor tiempo posible con la persona de la que se depende, llegando a no disfrutar de otros momentos con otras personas o en soledad. Esto a veces genera además aislamiento, ya que se dejan de lado otras relaciones con tal de estar con esa persona. En la persona de la que se depende puede generar agobio
  7. Poner en un segundo plano los deseos propios: la persona emocionalmente dependiente no suele estar en contacto con sus deseos y, en caso de estarlo, suele relegarlos a un segundo plano para adaptarse a los deseos de los/as demás.

En el campo de la psicología se ha estudiado y teorizado desde diferentes enfoques para buscar que situaciones llevan a las personas a desarrollar estilos dependientes así como cuales son los factores que mantienen esta dependencia. Como hemos dicho antes, el origen de la dependencia emocional es diverso, pero muchas veces tiene que ver con las primeras experiencias relacionales ya que muchas veces no se ha podido realizar correctamente el proceso de diferenciación con las figuras de apego, viviendo la vida en base a las expectativas que otros tienen como medio para conseguir el amor. Además podemos encontrar también apegos ansiosos, en los que se ha producido negligencia o abusos por parte de los/as cuidadores/as.

En el ámbito de la pareja, la dependencia emocional está sostenida muchas veces por el concepto que tenemos de amor romántico y los mitos que le acompañan. Creencias como que el verdadero amor es fusión y con la pareja hay que compartirlo todo, la idea de la media naranja que nos completa o la expectativa de que nuestra pareja tiene que cubrir todas nuestras necesidades hacen que la sensación de dependencia se sostenga desde un contexto social.

La dependencia emocional puede tener repercusiones graves en la manera en la que nos relacionamos afectivamente con la pareja, ya que muchas veces este patrón sumiso puede ser el responsable de que se permanezca en una relación de violencia.

Existe tratamiento para la dependencia emocional, trabajando la manera en la que nos relacionamos y las emociones que eso nos genera, explorando el origen de estos patrones y analizando y cambiando aquellas situaciones que los mantienen. Si te has visto identificada/o con este artículo, puedes pedir ayuda para que alguien profesional te acompañe en tus dificultades y poder vivir así de una manera más plena.

Isabel Trasobares Peyrona

Psicóloga en Nara Psicología