Módulo 3 – Formación Online – APEGO Y SEXUALIDAD

Módulo 3 – Formación Online – APEGO Y SEXUALIDAD

El pasado sábado 17 de abril se impartió el módulo 3 del curso de Apego y Sexualidad. Esta vez a cargo de Marcela Giraldo 

FORMACIÓN PROFESIONAL

Licenciada en Medicina

Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, Colombia 1995.

Colegiada Nro. 282856248 por el Colegio Oficial de Médicos de Madrid.

Médica-Psicoterapeuta Registro Nº PS 008113 por el Colegio Oficial de Médicos de Madrid.

Especialista en Educación Sexual

Universidad de Medellín, Colombia.

Psicoterapeuta Sexual y de Pareja

Acreditada por la Asociación Española de Sexología Clínica (AESC) y la Sociedad Sexológica de Madrid- Fundación Sexpol.

Psicodramatista

Instituto de Técnicas de Grupo y Psicodrama (ITGP)

Día Mundial de la Salud. 7 de Abril.

Día Mundial de la Salud. 7 de Abril.

El 7 de Abril de 1948 se celebró la primera asamblea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por este motivo, desde entonces, se conmemora esta fecha como el “Día Mundial de la Salud”.

Desde Nara Psicología reflexionamos sobre el término salud y sus connotaciones en la sociedad. Resulta difícil señalar un único significado para el significante “salud”, cada persona tenemos el nuestro… ¿o no? La salud, como la libertad, el amor tiene sus particularidades,… ¿o no? Como apunta Briceño-León (2000), “la salud es una síntesis; es la síntesis de una multiplicidad de procesos, de lo que acontece con la biología del cuerpo, con el ambiente que nos rodea, con las relaciones sociales, con la política y la economía internacional” (p. 15).

Si la salud tiene relación con la biología del cuerpo, ¿debemos pensar que todos los cuerpos han de seguir el mismo patrón? ¿Existen cuerpos sanos y cuerpos enfermos? Hablar en términos binarios de sano/insano, salud/enfermedad, nos parece inadecuado pues podemos comprobar cómo la realidad de las personas es diversa, como igualmente diversa es nuestra naturaleza y cómo nos relacionamos con nuestros cuerpos. Sin embargo, existe esta tendencia a abusar de los dualismos amparándose en las estadísticas.

“La estadística no marca la normalidad” proclamaba una pancarta de la asociación Órbita Diversa en el desfile estatal del Orgullo del año 2019. Sin embargo, en términos médicos, los datos cuantitativos parecen marcar los estándares del bienestar físico. Una simple analítica ya apunta entre qué valores deben situarse tus resultados para no “salirse de la norma”, pero… ¿de qué norma? ¿Se interpreta del mismo modo una analítica realizada en nuestro país que en otro lugar del mundo? ¿Es el ambiente en el que nos vivimos y nos desarrollamos responsable de nuestras afecciones físicas? Una curva de “la normal” ya nos indica entre qué valores se encuentra la mayor parte de la población. Parece cuestionable identificar como normalidad una situación por su tasa de incidencia.

La idea de “completo bienestar” introduce la noción de normalidad en la salud (Briceño-León, 2000. p. 16)

Recurriremos entonces a la definición oficial: según la OMS, “La salud es un estado de perfecto (completo) bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad».

No existen pocas críticas frente a esta definición, entre las más destacadas, Navarro (1998) acotó que la misma tiene un problema epistemológico importante, pues da por sentado que hay un consenso universal sobre lo que significan los términos clave de la definición, esto es, salud y bienestar, por lo que se trata de una definición ahistórica y apolítica. Con esto la OMS en cierta medida se estaría librando de la responsabilidad de clarificar quién decide lo que es bienestar y salud, soslayando la controversia política que dichas definiciones acarrean, al mismo tiempo que deja entrever que la salud es un concepto científico “que se aplica a todos los grupos sociales y a todos los períodos históricos por igual” (Navarro, 1998, p. 49).

Salud y ciencia caminan de la mano y nos orientan para obtener un bienestar. Desde Nara Psicología podemos preguntarnos si todas las personas tenemos las mismas necesidades, y reflexionamos sobre este punto apoyándonos en la famosa pirámide propuesta por Maslow:

Esta pirámide se caracterizaba por una jerarquía de necesidades:

  • Necesidades fisiológicas: de origen biológico, orientadas a la supervivencia.; incluyen necesidades básicas como la respiración, el sueño, la alimentación, etc…
  • Necesidades de seguridad: cuando las anteriores necesidades están cubiertas, aparece un segundo escalón de necesidades orientadas hacia la seguridad personal, el orden, la estabilidad y la protección. Dentro de estas necesidades se encuentran cosas como: seguridad física, de empleo, de ingresos y recursos, familiar, de salud y contra el crimen de la propiedad personal.
  • Necesidades de amor, afecto y pertenencia: cuando las necesidades de seguridad y de bienestar fisiológico están medianamente satisfechas, la siguiente clase de necesidades contiene el amor, el afecto y la pertenencia o afiliación a un cierto grupo social y están orientadas, a superar los sentimientos de soledad y alienación.
  • Necesidades de estima: cuando las tres primeras clases de necesidades están medianamente satisfechas, surgen las llamadas necesidades de estima orientadas hacia la autoestima, el reconocimiento hacia la persona, el logro particular y el respeto hacia los demás.
  • Necesidades de auto-realización: son las más elevadas y se hallan en la cima de la jerarquía; Maslow describe la auto-realización como la necesidad de una persona para ser y hacer lo que la persona «nació para hacer», es decir, es el cumplimiento del potencial personal a través de una actividad específica; de esta forma una persona que está inspirada para la música debe hacer música, una artista debe pintar, y una poeta debe escribir. (Simons, Irwin y Drinnien 1987; Boeree 2006; Feist y Feist 2006)

Leyendo esto, cualquiera podemos replantearnos nuestro autoconcepto y preguntarnos hasta qué punto nuestro estilo de vida es saludable o estamos sanes. ¿Tenemos todas nuestras necesidades cubiertas? ¿Depende sólo de nosotres satisfacer esas necesidades? ¿Qué papel juega la sociedad en la que vivimos dentro de nuestra salud?

Hablar de salud de un modo crítico supone rasgarse las vestiduras y señalar las violencias que, en nombre de la sanidad, se pueden infringir desde la institución médica sobre los cuerpos menos normativos. Términos como “capacitismo”, “gordofobia”, “diversidad corporal”, comienzan a formarse como resistencias en un diálogo obligadamente abierto que requiere de una reciprocidad y un entendimiento mutuo. Desde la antropología médica se han instaurado unos parámetros que debieran ser orientativos y no excluyentes. La medicina, así como la ciencia, ha de reconocer su responsabilidad en su trascendencia dentro de los modelos sociales que potencian el consumo de cuerpos (desde la publicidad, el cine, etc…).

Por último, volviendo a aquello que denominamos “salud mental”: resulta difícil para una profesional que proviene de “lo social” y que se declara rebelde frente a los binarismos marcar líneas rojas sobre lo que es y no es salud mental. Lo que me interesa es el sufrimiento psíquico y, por mi experiencia, tengo muy presente que este tipo de afección no se la genera alguien por ser “defectuosa” o “no saber adaptarse al entorno”. El entorno es hostil.

Que existe el malestar y el dolor psíquico, claro que sí, pero, al igual que ahora entendemos que “género” y “sexo” no son algo natural, debemos entender que la construcción “enfermedad mental” tampoco lo es. No es enfermedad todo lo que consideramos anormal basándonos en una supuesta normalidad, ni lo son las consecuencias de un sistema capitalista ni la niñez ni la vejez ni las emociones. (Fátima Masoud Salazar, activista orgullo loco, 2021)

La realidad que ha traído consigo la pandemia no ha hecho más que encrudecer nuestro contexto y debilitar muchas de nuestras resistencias previas. También nuestro concepto de salud ha cambiado. Probablemente no reconozcamos nuestra jerarquía de necesidades. La salud es un término tornadizo, permeable a los acontecimientos que vivimos. Su significado muta con el paso del tiempo. Armémonos de coraje y de ímpetu para orientar nuestro bienestar a lo que nos convenga, de una manera única y excepcional.

Concluyo este artículo con una frase de Carl Rogers:

“La buena vida es un proceso, no un estado del ser. Se trata de una dirección, no de un destino”.

 Camino Baró San Frutos.

Col. M-31096

Referencias utilizadas:

-Angarita, J. R. (2007). Teoría de las necesidades de Maslow. Obtenido de Teoría de las necesidades de Maslow: http://doctorado. josequintero. Net/documentos/Teoria_Maslow_Jose_Quintero. pdf.

-Briceño-León, R. (2000). Bienestar, salud pública y cambio social. En BriceñoLeón, R., De Souza, M, y Coimbra, C. (Coords.). Salud y equidad: una mirada desde las ciencias sociales (pp. 15-24). Río de Janeiro: Editora Fio Río de Janeiro: Editora Fiocruz.

-Navarro, V. (1998). Concepto actual de la salud pública. En Martínez, F., Castellanos, P. L., Navarro, V., Salud Pública (pp. 49-54). Ciudad de México: Mc Graw-Hill.

https://www.who.int/es

-http://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/frente-a-la-psiquiatrizacion-orgullo-loco/frente-a-la-psiquiatrizacion-orgullo-loco

Día Mundial de la Felicidad

Día Mundial de la Felicidad

El próximo sábado 20 de marzo se celebra el Día Mundial de la Felicidad. Desde Nara Psicología queremos sumarnos a esta celebración con especial cariño, puesto que Nara, el nombre escogido para el centro, es una palabra que proviene del griego y significa feliz, que tiene felicidad.

Elegimos este nombre pues consideramos que el fin último de la terapia para las personas que acuden a ella es poder sentirse más felices, poder construir una vida más plena y feliz. Pero…¿a qué nos referimos realmente cuando hablamos de felicidad? A lo largo de este artículo intentaremos profundizar sobre ello.

El origen de la celebración de este día se remonta al año 2013, año en el que la Asamblea General de Naciones Unidas propuso conmemorarlo, reconociendo así la relevancia de la felicidad y del bienestar como aspiraciones universales de las personas y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno.

Desde un punto de vista cultural, la palabra felicidad comporta diferentes significados (Muratori, Zubieta, Ubillos, González y Bobowik (2015). El sociólogo francés Ruut Veenhoven, uno de los pioneros en el estudio científico de la felicidad, la describe como: “el grado en el que una persona evalúa positivamente la calidad de su vida actual en su conjunto. En otras palabras, cuánto le gusta a una persona la vida que lleva” (Veenhoven, 2001).

El mismo autor, explica que la felicidad es como la salud en tanto en cuanto depende de los genes, del medio y del estilo de vida. Y tras dedicar décadas al estudio de la felicidad en las distintas naciones, concluye que no está necesariamente ligada al nivel de desarrollo de un país determinado.

Para Veenhoven, es posible fomentar la felicidad de las personas a través de distintas estrategias, tales como:

– fomentar la libertad, de manera que las personas puedan escoger la forma de vida que mejor va con ellas

– informar a las personas de resultados relevantes en torno a los estudios sobre felicidad, del mismo modo que se hace con otras áreas de salud, tales como la nutrición

– invertir en salud mental, facilitar el acceso a la salud mental de todas las personas

Desde una perspectiva psicológica, en los estudios iniciales sobre bienestar en psicología se han distinguido siempre dos grandes tradiciones: hedónica y eudaimónica. Así, desde la tradición hedónica, el bienestar se definiría en términos de logro de placer y de evitación de dolor mientras que desde el enfoque eudaimónico, estaría centrado en la autorrealización de la persona y su grado de funcionamiento más o menos pleno.

Boniwel y Ayers (2013) van más allá de esta dicotomía y proponen utilizar el término felicidad en un sentido más amplio, como un concepto que incluya nociones como bienestar subjetivo, psicológico, salud o crecimiento personal.

Esta propuesta tiene más relación con el primer modelo multidimensional del bienestar psicológico, propuesto por Ryff (1989) que desarrollaremos brevemente a continuación. Este modelo consta de las siguientes seis dimensiones a través de las cuales evaluar el grado de bienestar psicológico de una persona:

  1. Auto-aceptación. Esta dimensión recogería la importancia de desarrollar una actitud positiva hacia una/o misma/o y de aceptación de los distintos aspectos de la persona y de las experiencias vividas.
  2. Relaciones positivas con otras/os. Esta segunda dimensión se basa en la importancia del establecimiento de vínculos estables y de confianza que nos permitan sentir empatía, afecto e intimidad, con el fin de sentirnos identificadas/os y comprendidas/os por otras/os.
  3. Autonomía. Relacionada con la independencia y la capacidad de autodeterminación
  4. Dominio del entorno. Está relacionada con las habilidades de las personas para elegir o crear ambientes favorables en los cuales poder satisfacer necesidades y valores propios.
  5. Propósito en la vida. Relacionada con la posibilidad de otorgar sentido a las experiencias presentes y pasadas y con la comprensión del propósito de vida.
  6. Crecimiento Personal. Entendido como el interés por ir desarrollando el potencial propio y crecer como persona, evolucionando a lo largo del tiempo.

En resumen, parece que la felicidad tiene un componente más individual y otros más relacionales o sociales y que, en última instancia, está relacionada con la posibilidad de ir desarrollando el propio potencial y crecer como persona en compañía de otras/os.

Por último, no queríamos dejar de mencionar  la importancia de evitar, en la búsqueda de una felicidad permanente, caer en una positividad tóxica, con frases del tipo «no es para tanto, podría ser peor», «sonríe siempre» o «no te preocupes, sé feliz» cuando alguien o nosotras/os mismas/os estamos atravesando una etapa difícil.

Nos parece importante recordar que enfadarse, estar triste o tener miedo no es malo, es humano y necesario. Y necesitamos poder dar espacio también a estas emociones, permitirnos sentirlas y expresarlas puesto que forman parte de nosotras/os.

Elena Taranco Pérez

Psicóloga en Nara Psicología

Referencias

David, S. A., Boniwell, I., & Conley Ayers, A. (Eds.). (2013). Oxford library of psychology.The Oxford handbook of happiness. Oxford University Press

Muratori, Marcela, Zubieta, Elena, Ubillos, Silvia, González, José Luis, & Bobowik, Magdalena. (2015). Felicidad y Bienestar Psicológico: Estudio Comparativo Entre Argentina y España. Psykhe (Santiago)24(2), 1-18.

Ryff, C. D. (1989). Happiness is everything, or is it? Explorations on the meaning of psychological well-being. Journal of Personality and Social Psychology, 57, 1069-1081.

Veenhoven, R. (2001). What we know about happiness. Ponencia presentada en el diálogo “Gross National Happiness”, Woudschoten, Zeist, Holanda.

8 de Marzo, un año después

8 de Marzo, un año después

Hace ya un año desde la última vez que nos reunimos en las calles a gritos de rebeldía. Un año ya de ese 8 de marzo tan confuso donde la información acerca de la COVID 19 aún era escasa  y nos encontrábamos lejos de imaginarnos todo lo que estaba por llegar. Pocos días después se instauró el estado de alarma, y las pantallas se convirtieron en nuestros nuevos espacios de socialización, encuentro y rebelión.

Hoy, nos encontramos con un 8 de marzo extraño y lleno de polémica sobre si se debe o no salir a las calles, aunque eso sí, con unas limitaciones claras y con la mascarilla como nuevo complemento obligatorio. El miedo a salir  y a juntarse con mucha gente es legítimo después de este año de encierros y duelos, por ese motivo una de las prioridades en este día internacional de la mujer tan peculiar es conseguir esbozar actividades y protestas accesibles a cualquier persona y en cualquier situación. Pero si algo tenemos claro es que el 8 de marzo, sea en casa o con distancia de seguridad y mascarilla, debe seguir siendo un día de lucha y reivindicación porque el patriarcado no entiende de pandemias.

La pandemia nos está exponiendo a escenarios que nunca antes habíamos vivido: un confinamiento en casa de más de dos meses, cierres de colegios, teletrabajos y un drama social persistente que nos enfrenta a la muerte cada día.

Los estudios más recientes revelan que el impacto de la COVID 19  ha ahondado todavía más en la brecha de género ya que las secuelas de una crisis nunca son neutrales. El coronavirus, nos evidencia una vez más, la brutal desigualdad vigente en esta sociedad donde somos las mujeres las que siempre nos llevamos la peor parte.

Antes de la crisis sanitaria, las cifras ya hablaban de que las mujeres dedicaban 3 veces más  tiempo que los hombres a los cuidados de personas mayores, menores y dependientes, ya fuera de manera remunerada o no. Además, según un informe del Instituto de la mujer, el 70% de las mujeres son las encargadas de realizar las tareas domésticas en el núcleo familiar.

Según las estadísticas del Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE), las mujeres constituyen el 76% de los 49 millones de trabajadores sanitarios de la Unión Europea y el 82% de quienes se dedican a la asistencia domiciliaria formal. En España el 66% del personal sanitario son mujeres según los datos recopilados en el informe del Instituto de la Mujer. En este año de pandemia, la asignación del rol de cuidadora a las mujeres nos ha situado en primera línea de trabajo, donde el riesgo de contagio es más elevado y donde la carga laboral y emocional puede tener un impacto directo tanto en la salud física como en la mental de las mujeres.

A la desigual distribución de tareas de cuidado y domésticas, se le ha sumado, con el cierre de los colegios, aquellas relacionadas con el seguimiento a distancia de las tareas escolares en muchos hogares. Según un estudio creado en la universidad de Zaragoza más del 70% de las madres ha acompañado a sus hijos en las tareas de enseñanza durante la pandemia, algo que ha hecho menos del 70% de los padres.

El teletrabajo ha permitido mantener la actividad laboral de manera segura para muchas personas en época de confinamiento.  En esta nueva forma de entender el trabajo también encontramos muchas desventajas para las mujeres. Éstas se han encontrado con situaciones muy estresantes debido a la doble carga de trabajo, ya que son muchas las que están trabajando y a la vez cuidando. Además, el Instituto de la Mujer ha elaborado un informe en el que señala que muchas mujeres han tenido que dejar de trabajar para cuidar de menores o personas mayores debido al cierre de las escuelas y de los centros de día. Estos datos ponen el foco de alerta sobre el impacto que puede suponer para las mujeres compatibilizar el teletrabajo con las tareas del hogar y de cuidado no remuneradas debido, en parte, a la disolución de los horarios y las expectativas a estar disponible para los dos de forma constante. Esto es especialmente acuciante en aquellos hogares donde no existe corresponsabilidad entre los miembros adultos del núcleo familiar o en el caso de las familias monoparentales (que en un 82% son encabezadas por mujeres). En España, los últimos datos de febrero confirman estos datos: el 70% de las personas que se han acogido al subsidio de desempleo son mujeres. De acuerdo a la última estadística del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), el desempleo atraviesa en mayor medida a las mujeres este último mes.

Otro de los escenarios más escalofriantes que nos ha dejado la pandemia es el aumento de la violencia contra mujeres y niñas a nivel mundial. De acuerdo con los datos que maneja el Consejo General del Poder Judicial, un total de 113.615 denuncias han sido presentadas en lo que va de año en nuestro país, a falta de la información relativa al cuarto trimestre: el 71,3% presentadas por la propia víctima, el 13,4% por parte de la policía, el 9,6% a raíz de un parte de lesiones recibido directamente en el juzgado, el 2,05% gracias al paso de sus familiares y el 3,5% por terceros.

El aislamiento con los agresores, el distanciamiento con otros familiares o amigos y la poca información sobre la apertura o cese de recursos especializados ha reducido la posibilidad de pedir ayuda, y por ende, la de recibir protección ante situaciones de violencia. Debido a estas dificultades, durante el confinamiento se crearon nuevas herramientas para facilitar el contacto y la petición de ayuda en situaciones de riesgo o emocionalmente devastadoras. Una de estas herramientas novedosa fue la asignación de un número móvil para poder chatear online con profesionales especializadas en violencia de género, ya que en muchos hogares la llamada telefónica podía suponer un riesgo mayor. Según los datos recogidos por la Delegación de Gobierno contra la violencia de género en los primeros días del confinamiento las llamadas aumentaron un 12,43% y las consultas online un 269,57% entre el 14 y el 29 de marzo. En el mes de abril, las llamadas aumentaron un 60% y las consultas online un 586% respecto al mismo periodo del año anterior. Las 8.692 llamadas de abril constituyeron la cifra más alta de los tres últimos años.

El coronavirus ha vuelto a poner de manifiesto que las mujeres debemos seguir reivindicando espacios, físicos o cibernéticos para alzar la voz unidas y reclamar lo que nos pertenece, una vida libre de violencias.

Elisa Roca Albertos
Psicóloga sanitaria

Notas

https://www.unwomen.org/en/docs?publishing_entity=e7ef78d9dc2c4b2a9f8bbee5aa726447

https://www.rtve.es/noticias/20200508/mujeres-coronavirus-trampa-teletrabajo/2013596.shtml

https://www.lavanguardia.com/vida/20200504/48962995216/mujeres-teletrabajo-estres-confinamiento-estudio-coronavirus.html

https://maldita.es/malditateexplica/20201225/pandemia-coronavirus-violencia-genero-25n-menos-victimas-denuncias-mas-llamadas-016-confinamiento/

https://www.publico.es/sociedad/reparto-tareas-pandemia-32-5-hombres-no-casa.html

https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/03/07/estado_igualdad_tras_pandemia_117505_1012.html

https://vientosur.info/mujeres-cuidados-y-trabajo-en-tiempos-de-pandemia/

Rimbau-Gilabert, E. (2020). ¿Cuál es el posible efecto del teletrabajo preferente sobre el reparto de tareas domésticas entre hombres y mujeres?

https://www.inmujer.gob.es/MujerCifras/Violencia/Macroencuestas.htm

Ferrer, V. A., Borrás, R. y Bosch, E. (2018). Los retos para conseguir una igualdad efectiva de oportunidades entre mujeres y hombres en el trabajo. Gaceta Sindical: Reflexión y Debate, (30), 143-161.

Varela, N. (2018). Cansadas. Penguin Random House, Grupo Editorial.

 

4 de marzo de 2021 según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se celebra el Día Mundial de la Obesidad.

4 de marzo de 2021 según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se celebra el Día Mundial de la Obesidad.

Actualmente, el mensaje de las autoridades sanitarias en diferentes partes del mundo afirma que tener un peso corporal clasificado, mediante el Índice de Masa Corporal (IMC), como “sobrepeso” u “obesidad” no es saludable. Esta idea es la base de múltiples programas de Salud Pública y de Promoción de la Salud, centrados en la prevención de la “obesidad”. El discurso sobre la salud que se centra principalmente en el peso corporal se denomina Paradigma de Salud Centrado en el Peso (WCHP, del inglés Weight-Centered Health Paradigm) o como Enfoque Normativo de Peso para la Salud (Tylka et al., 2014; Bacon & Apharamor, 2011).

El IMC fue introducido en 1832 por primera vez por Adolph Quetelet, un matemático belga que tenía el propósito meramente estadístico de estudiar poblaciones. El IMC es una fórmula de peso corporal total (en kilogramos), que inicialmente se llamó Índice de Quetelet y nunca se pensó como una medida cuantitativa de salud humana ni de grasa corporal. Las medidas de Quetelet fueron tomadas en participantes franceses y escoceses, es decir, en hombres blancos; lo que deja fuera a la mayoría de la población mundial. No fue hasta mediados del siglo XX cuando el IMC se incorporó a la medicina, como medida de salud, desde organizaciones internacionales, incluyendo la Organización Mundial de la Salud.

Diversas investigaciones han puesto de manifiesto de qué manera la utilización del IMC como medida de la “obesidad” y los trastornos relacionados con ésta, conlleva numerosas limitaciones; como dar por hecho que una persona con un peso que entraría en el rango de “obesidad” y diagnosticarla o definirla como insana o, al contrario, igualar el hecho de tener lo que en la clasificación mediante el IMC se considera “normopeso” a ser saludable.

El IMC no diferencia entre el peso de diferentes estructuras corporales como los huesos, los órganos, los músculos, los fluidos o la grasa. Por ejemplo, el IMC de una persona musculosa podría ser superior a lo que el IMC considera como “normopeso” y eso le situaría en las categorías de “sobrepeso” u “obesidad”.

Además de todo lo expuesto, la ciencia ha demostrado de forma repetida que una medida diseñada por y para personas blancas es incluso menos precisa para personas negras y racializadas. Esto puede conducir a múltiples errores. Según estudios publicados por la Endocrine Society, el IMC sobreestima la gordura y los riesgos para la salud de las personas negras; y según la OMS, el IMC subestima los riesgos para la salud de las personas asiáticas, lo que puede llevar a sobrediagnósticos e infradiagnósticos.

El IMC no puede decir nada sobre la salud de una persona: cómo come, qué actividades realiza, cuánto estrés o qué historial familiar o médico tiene. No podemos conocer el estado de salud de alguien con solo mirarle. La única razón por la que este indicador puede interesarnos es para (I)ncluir (M)ás (C)uerpos.

 

La salud es un concepto complejo, que evoluciona a través del tiempo gracias a la investigación y a los cambios que se producen en las formas de vida de todas las personas; y que está determinada por muchos factores individuales, sociales y relacionales. Ningún marcador de forma aislada puede determinar la salud de una persona. Incluso, cuando se trata de “salud”, nadie se la debe a nadie, y todas las personas merecen respeto independientemente de su peso, tamaño corporal, habilidades o capacidades. Patologizar los cuerpos no hace ningún bien a nadie, interpretar a los cuerpos en base a datos biológicos que son clasificados en categorías de enfermedad ¿cómo podría ser positivo para la salud que alguien sienta que su cuerpo tiene algo incorrecto? Todos los cuerpos son buenos cuerpos, por ello, dejemos de marginar a los cuerpos no normativos. Todas las personas, tengan el cuerpo que tengan, merecen respeto pase lo que pase. Esto último parece obvio, pero no está de más recordarlo para no caer en discursos gordófobos, capacitistas, etc.

La diversidad corporal, como en todo en la vida, existe.

  Dualism, of course,was not invented in the twentieth Century. But there are distinctive ways in which it is embodied in contemporary culture, giving the lie to the social mythology that ours is a body-loving, de-repressive era. We may be obsessed with our bodies, but we are hardly accepting them.
Susan Bord

Iniciar guerras contra los cuerpos, luchar contra la “obesidad” o el “sobrepeso”, y ser personas más delgadas, no hace que sean más saludables o felices (pese a lo que venden los discursos basados en la cultura de la dieta). Esta(s) guerra(s) han producido y siguen produciendo grandes daños colaterales. La preocupación por la comida y porque los cuerpos se ajusten a la norma, el odio hacia unx mismx, los Trastornos de Conducta Alimentaria, el estigma y la discriminación, etc. Pocas personas están en paz con su cuerpo, porque están gordxs[1] o porque temen engordar.

Frente a los discursos que centrados en el peso y en la patologización de estos, diversxs profesionales de la salud, como Lindo Bacon y Lucy Apharamor, han trabajado y trabajan para llevar a cabo un cambio de paradigma. Este es el movimiento HAES (Health At Every Size; Salud en Todas las Tallas) que cambia el foco del peso a la salud, reconociendo que ésta es resultado de múltiples factores sociales, económicos y ambientales, no sólo un aspecto individual, por lo que requieren una respuesta social y política centrada en el bienestar de todas las personas. Este es un movimiento inclusivo, que reconoce que las características como el tamaño, la raza, el origen, la sexualidad, el género, las posibles diversidades funcionales e intelectuales, etc., influyen la vida de cada persona, pero dan un mensaje de empoderamiento y de auto-respeto para vivir de la mejor forma posible. El paradigma HAES es un marco de justicia social que respeta la diversidad de formas y tamaños corporales, apoya la atención médica inclusiva y rechaza la discriminación por el peso o cualquier característica de una persona y promueven la idea, apoyada por múltiples investigaciones, de que es posible estar saludable y mejorar la salud sin cambiar el tamaño del cuerpo, sin alentar a perder peso o adelgazar.

No hay forma de tener un cuerpo incorrecto. Cuidar el tuyo, más allá de las posibles etiquetas que se le asignen, es un proceso que merece la pena. Seas como seas, aprecia tu cuerpo, confía en él y trátalo como si fuese tu mejor amigx. Tu cuerpo te acompañará siempre. Es tu hogar.

 

Laura Rodríguez – Mondragón

Psicoterapeuta en Nara Psicología

Referencias:

Bacon, L. (2010). Health At Every Size: The Surprising Truth About Your Weight. BenBella Books, Inc.

Body Respect: What Conventional Health Books Get Wrong, Leave Out, and Just … – Linda Bacon, Lucy Aphramor—Google Libros. (s. f.). Recuperado 23 de febrero de 2021, de https://books.google.es/books/about/Body_Respect.html?id=Mqo3BAAAQBAJ&redir_esc=y

What’s Wrong With the ‘War on Obesity?’ A Narrative Review of the Weight-Centered Health Paradigm and Development of the 3C Framework to Build Critical Competency for a Paradigm Shift—Lily O’Hara, Jane Taylor, 2018. (s. f.). Recuperado 19 de febrero de 2021, de https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/2158244018772888

[1] Usamos la palabra «gordx» como adjetivo y no peyorativamente, de manera consistente con los movimientos de aceptación de la diversidad corporal y el uso del lenguaje preferido en la literatura de los Critical Weight Studies.