¿Qué es el Orgullo LGTBIQ+?

¿Qué es el Orgullo LGTBIQ+?

Este año 2020 está indudablemente marcado por la irrupción en nuestras vidas de la pandemia ocasionada por la COVID19. La planificación de multitud de eventos, conciertos, congresos, festejos patronales, etc… se ha visto afectada de un modo sustancial por este motivo.

¿Y el Orgullo 2020? ¿Qué va a pasar con este acto multitudinario que reúne todos los años a millares de personas en los núcleos de las principales ciudades del Estado Español?

Desde Nara Psicología queremos hacer un repaso a ésta y otras cuestiones que tienen que ver con la celebración del Orgullo LGTBIQ+.

  • ¿Qué es el Orgullo LGTBIQ+?

No hay una única respuesta para contestar esta pregunta. Cada persona vive el Orgullo de una manera diferente. Si pudiéramos formular una “aproximación general” definiríamos el Orgullo como un acto de celebración, reivindicación, homenaje, visibilidad y suma de fuerzas de las diferentes letritas que conforman el acrónimo arcoíris.

Comenzamos nombrándolo como una CELEBRACIÓN porque no se deja de festejar avances en la lucha por la defensa de los derechos LGTBIQ+, como la reciente aprobación del matrimonio igualitario en Costa Rica (el primer país de Centroamérica en autorizarlo) o la admisión del proyecto de ley en Suiza, uno de los pocos países de la Europa Occidental que aún no permite este  tipo de uniones.

El Orgullo no deja de ser una REIVINDICACIÓN. Pese a lo que un sector de la población pueda pensar, las personas del acrónimo LGTBIQ+ continúan sufriendo diferentes formas de opresión y violencias, no sólo en el Estado Español, sino en numerosos países del mundo. Aquí en España, aún tenemos pendiente la aprobación de una propuesta de Ley Estatal LTBIQ+, que lleva años esperando ser aceptada. En la actualidad, sólo existen legislaciones autonómicas que protejan al colectivo LGTBIQ+, y no todas las comunidades poseen una normativa específica sobre esta materia.

El Orgullo también es HOMENAJE. El año pasado se rindió tributo a todas las personas “mayores” del colectivo, con motivo del 50º aniversario de la revuelta de Stonewall, un hito histórico que impulsaría el nacimiento de esta celebración.

Como dice la actriz chilena Daniela Vega; “gracias a quienes caminaron antes para que nosotros pudiéramos pasar por aquí. Al agua que estuvo antes que tú y yo y que estará siempre” (Rebeldía, Resistencia y Amor, 2019).

La conmemoración de este festejo es también una oportunidad para dar VISIBILIDAD a colectivos que no la tienen el resto de los 364 días del año. Gracias a la suma de las sinergias entre las diferentes letras del acrónimo, conseguir el reconocimiento y la consideración que merecen.

 

  • ¿Cuántas celebraciones del Orgullo hay?

Existen “Orgullos” por toda la geografía española y mundial. En Madrid, el más popular es el “Orgullo Estatal”, que recorre el Paseo del Prado hasta la Plaza de Colón. Este año se celebrará el 28 de Junio, con diferentes eventos online también del 1 al 5 de Julio. El “Orgullo Crítico” se viene organizando desde hace 15 años con un gran seguimiento y se define por un carácter de protesta y expresión de demandas. El Orgullo Vallecano cada año goza de mayor resonancia y sus ecos se extienden a otros barrios de la periferia.

  • ¿Qué hay detrás de las letras LGTBIQ+?

Para muchas y muchos lectores les resultará fácil identificar la L como la inicial de la palabra lesbiana, la G de gay, la T de Trans, la B de bisexual,… pero a partir de la I comenzamos a poner “cara de póker” cuando nos preguntan.

Aunque aún parezca difícil darle ese espacio a las letras que van después de las LGBT, cada vez están más presentes la I (Intersexualidades: condiciones diversas del desarrollo sexual) o la Q (Queer: término adoptado del inglés que viene a definirse como “lo raro” y que contendría otras muchas letritas). A partir del + ¿qué nos encontramos? Las realidades más invisibilizadas: A (asexualidad), GF (género fluido), NB ( género no binario), P (pansexualidad), etc…

En resumen, todas estas letras hacen alusión a una diversidad en la orientación afectivo-sexual, de identidad de género y cuerpos, y se conglomeran en torno a un acrónimo debido a que sufren violencias y opresiones similares.

  • ¿Por qué este año es el “año de las mujeres LTB?

La Federación Estatal LGTB (FELGTB), en colaboración con otros organismos, ha decidido que este Orgullo 2020 reconociera la lucha de las mujeres lesbianas, trans y bisexuales (LTB). Probablemente después de las disputas generadas durante el 2019 sobre la definición del objeto político del feminismo (concepto mujer) y el pronunciamiento político de algunas feministas radicales trans excluyentes (TERF), se ha querido cuidar la sororidad entre todos los tipos de personas leídas como mujeres, tengan o no una vulva, pechos, cromosomas XX, mayor o menor número de hormonas femeninas… De esta manera, se señalan las intersecciones que las atraviesan como la orientación sexual, identidad, racialidad, diversidad funcional, salud y VIH, edad, ruralidad, espiritualidad…

No obstante, hay quienes piensan que esta formulación es perversa pues, intentando hacer una defensa de las mujeres que se salen de la definición canónica, se sigue dejando fuera del concepto “mujer” a aquellas personas con diferencias en el desarrollo sexual (intersexuales), con una sexualidad divergente (asexuales), etc…

  • ¿Cómo se van a desarrollar las diferentes celebraciones del orgullo este año, con las restricciones de movilidad impuestas para controlar la COVID 19?

Aún no tenemos un conocimiento riguroso sobre el planteamiento de este año, pero sí sabemos que el Orgullo Estatal se reunirá en una plataforma online a través de la cuál cualquier persona podrá crearse un avatar para asistir a una “manifestación virtual”. Como todos los años, se leerá un manifiesto con las diferentes proclamas.

  • ¿Qué tiene de especial este Orgullo 2020?

Este Orgullo 2020 será particularmente inolvidable porque tiene lugar en un momento histórico a nivel mundial. En muchos países estamos saliendo de una cuarentena provocada por una pandemia que ha puesto y sigue poniendo en jaque nuestros pilares más fundamentales. Muchas personas LGTBIQ+ han fallecido a causa de la COVID19. Otras muchas se han visto obligadas a volver a encerrarse en un armario para poder regresar a domicilios familiares (porque se habían quedado sin trabajo, porque debían asistir a los/as mayores…).

También le debemos un atento reconocimiento por las trabas logísticas que esta conmemoración debe afrontar.

Coincide también con otras reivindicaciones que se están dando en EEUU y en todo el mundo relacionadas con la violencia que sufren las personas racializadas.

Este Orgullo 2020 deberá ser una oportunidad para que todos/as los y las ciudadanos/as, como cada edición, nos revisemos privilegios, echemos la vista atrás con una mirada de agradecimiento y una mirada hacia delante con optimismo e ilusión. Cualquier obstáculo puede soslayarse; sólo debemos escuchar la suma de las voces de ese acrónimo LGTBIQ+ que están pidiendo cambios. Los cambios colectivos son responsabilidad de todos y todas, y siempre podemos poner nuestro granito de arena para conseguir una sociedad más igualitaria y tolerante.

Camino Baró San Frutos.

Terapeuta de Nara Psicología.

El Síndrome de la cabaña ¿mito o realidad?

El Síndrome de la cabaña ¿mito o realidad?

Tras la situación que ha generado la aparición del coronavirus en nuestras vidas, actualmente nos enfrentamos a la “nueva normalidad” que supone retomar de nuevo algunas rutinas que se han visto puestas en cuarentena durante estos meses.

Las imposibilidad de salir a la calle y estar con nuestro círculo de familiares y amistades que generaba frustración en muchas personas las primeras semanas de confinamiento han dado lugar, paradójicamente, a un miedo y ansiedad a recuperar estos espacios ahora que las medidas de desescalada se han puesto en marcha.

Ahora mismo, se escucha mucho hablar del Síndrome de la Cabaña pero ¿qué es exactamente? ¿Cómo se manifiesta en las personas que dicen estar afectadas por él?

Es importante comenzar diciendo que el Síndrome de la Cabaña no existe como tal, no está recogido en ninguna de las categorías diagnósticas, ni hay estudios empíricos que avalen su existencia. Con este término se refieren a un conjunto difuso de síntomas relacionados directamente con la sensación de miedo tras identificar nuestro hogar con un lugar seguro y relacionar el retomar nuestras rutinas exteriores y los nuevos contactos con personas como un foco de posible contagio, desarrollando conductas de evitación y miedo y resistiéndose a abandonar  “la cabaña”.

Es como si de alguna manera la rutina de permanecer en casa, acompañada de los mensajes de precaución que llevamos escuchando durante varios meses, se hubiera convertido en la normalidad y ahora, sentimos miedo al tener de re-adaptarnos a esta nueva realidad.

Es importante señalar que el miedo es una emoción que todas las personas experimentamos ante situaciones que vivimos como amenazantes, y como tal cumple su función. Si analizamos el componente adaptativo del miedo al contagio vemos que cumple una función importante ya que nos lleva a desarrollar conductas de prevención (lavado de manos, uso de mascarilla, evitar el contacto físico manteniendo la distancia interpersonal…). Sin embargo, cuando ese miedo se convierte en excesivo se vuelve desadaptativo generando bloqueos y evitación de situaciones, que es a lo que se le ha dado el nombre de “Síndrome de la cabaña”.

Si leyendo esto te has sentido identificado/a de alguna manera y durante estos días de desescalada estás experimentando miedo a salir a la calle y retomar viejas rutinas a continuación planteamos algunas recomendaciones para reducir el malestar:

  • Planifica las salidas de una manera gradual, selecciona algunos lugares cercanos y poco concurridos para empezar (calles amplias, parques…) y poco a poco exponte a situaciones en las que haya más personas (transporte público, tiendas…)
  • Toma las medidas de precaución (lavado de manos, mascarilla…)  y respeta las indicaciones sanitarias para evitar el contagio. Es importante vivir esto desde la responsabilidad personal y no desde la imposición.
  • Plantea metas a corto y medio plazo que sean motivantes para ti. Buscando pequeñas gratificaciones en tus actividades y contactos con gente hará que sea más fácil la vuelta a la rutina.
  • Pide ayuda psicológica si sientes que no eres capaz de afrontar esta situación y necesitas herramientas para poder gestionar el miedo. Actualmente hay diferentes formatos que se pueden adaptar a tus necesidades.

Una vez aclarado a que se refiere el llamado «Síndrome de la cabaña» y entendiendo que el miedo es una reacción normal, sería importante hacer un ejercicio de reflexión personal sobre si detrás de nuestras resistencias a volver a la normalidad está este miedo a un posible contagio o, podemos ir más allá, y en la base también está la negativa de volver a rutinas en las cuales muchas veces actuábamos en automático. Al tomar distancia de nuestros frenéticos ritmos y vernos obligadas a parar nos hemos dado cuenta de que muchas de las cosas que formaban parte de nuestra «antigua normalidad» no forman parte de ese estilo de vida que queremos llevar.

 

Isabel Trasobares

Psicóloga en Nara Psicología

El duelo desautorizado

El duelo desautorizado

A lo largo de todos estos meses, miles de personas han perdido a sus seres queridos de una manera tremendamente dolorosa. Las medidas para evitar la propagación de los contagios produjeron una limitación de los espacios, impidiendo que familiares y seres queridos elaborar los duelos producidos por estas pérdidas de una manera saludable. Además, en muchas ocasiones el impacto de la noticia del fallecimiento se ha vivido en absoluta soledad, no siendo posible la sujeción emocional por familiares, amigos, y demás personas cercanas que, en este tipo de vivencias, resultan fundamentales para mermar el impacto emocional de la pérdida.

No son pocas las investigaciones científicas que señalan que no es lo mismo vivir una situación amenazante o impactante estando en compañía de alguien con quien compartir lo que estamos experimentando y con quien nos pueda sostener emocionalmente, que vivir dicha situación sin ningún tipo de apoyo o compañía que nos permita compartir nuestros estados emocionales. De hecho, existen investigaciones que señalan como un factor decisivo en la prevención del desarrollo del trauma, la posibilidad de contacto con otras personas durante la vivencia de la experiencia amenazante o justo después de haberla experimentado. Es decir, que dicha experiencia se convierta en una experiencia traumática está mediada (en parte) por la posibilidad de contacto social con otras personas que puedan brindarnos su apoyo emocional. Si la persona que experimenta dicha experiencia lo hace en soledad, las investigaciones indican que existe mayor probabilidad de que se almacene en su memoria sin poder realizar un relato de lo sucedido y, en consecuencia, sin atribuirle una significación, pudiendo provocar una incapacitación emocional y mental con múltiples consecuencias (Bessel van der Kolk, 1996)

En este sentido podríamos decir que, en las experiencias de duelo, la ausencia de apoyo es un factor de riesgo importante, puesto que una misma experiencia de duelo puede vivirse desde un estado de aislamiento o soledad como una experiencia traumática, o como una experiencia dolorosa- pero aceptable- si se recibe el apoyo o restauración emocional del contexto social.

Sin embargo, como indicaba al principio, muchísimas personas no han podido tener la posibilidad de ese apoyo emocional del contexto durante el confinamiento, viviendo los duelos en absoluta soledad, o no pudiendo despedirse ni acompañar a sus seres queridos durante la enfermedad. Su duelo se ha visto desautorizado y tal vez, no solo por la soledad impuesta sino por otro tipo de factores que también se suman a esta experiencia:

-Relaciones no reconocidas donde los vínculos no son reconocidos por el contexto o el entorno como vínculos “importantes. Por ejemplo, el fallecimiento de una expareja, la muerte de un paciente (si trabajamos en el ámbito de la salud), vínculos de amistad de compañeros/as de trabajo, cuidadores/as, padres/madres adoptivas, etc. Es decir, duelos que socialmente, se consideran en muchas ocasiones como duelos que no “deberían” despertar reacciones emocionales intensas.

-Pérdidas no reconocidas socialmente: los duelos por personas fallecidas que socialmente están excluidas y/o invisibilizadas por la sociedad como las personas sin hogar, personas migrantes y/o racializadas, personas que viven en instituciones sociosanitarias, en instituciones penitenciarias (como los CIES, las cárceles, etc). Personas a las que el imaginario colectivo las coloca en el lugar de inferioridad existencial, no siendo admisible o comprensible experimentar procesos de duelo por ellas.

-Cuando la persona que atraviesa el duelo son personas a las que se les considera incapaces de hacer el duelo: personas con discapacidad mental, personas muy mayores o niños/as.

-Cuando la muerte se produce por causas particulares: muertes producidas por suicidio, por sobredosis y homicidios. Considerándose que con la “mala vida que llevaba” se lo ha buscado y no es merecedor o merecedora del sufrimiento, anulándose así la experiencia dolorosa de sus seres queridos.

De esta manera, a ese duelo desautorizado se pueden sumar distintas experiencias que se van acumulando en función de las características de la persona fallecida, la causa de la muerte, los factores contextuales (en este caso la pandemia mundial), el aislamiento, la imposibilidad de despedida, etc.

En definitiva, sabemos que la experiencia de duelo en sí misma es demoledora, porque la pérdida de nos llena de vacío y muchísimo dolor, pero la desautorización y la falta de apoyo durante el fallecimiento del ser querido y posteriormente, durante el desarrollo del propio duelo, pueden generar igual o mayor dolor que la pérdida.

Es importante y necesario que podamos expresar nuestras emociones y hablar de lo sucedido, de la persona fallecida, del dolor que nos acompaña. Es importante sentirnos sostenidos/as en la vulnerabilidad que nos produce el dolor, para poder así integrar y asimilar la pérdida.

Si somos personas que estamos acompañando a un ser querido en duelo, brindémosle nuestro apoyo cálido, ayudémosle a expresar sus necesidades, cuidemos nuestras palabras y evitemos expresiones que pueden ser hirientes, cuidemos y acompañemos con paciencia y cariño a las personas en su dolor, porque ningún dolor emocional debería ser anulado o desautorizado. Las emociones no se deben juzgar, sencillamente se deben escuchar, aceptar y acompañar.

Finalmente, nos despedimos aportando algunas pautas básicas para comunicarnos y acompañar a personas durante su proceso de duelo con el fin de prevenir su enquistamiento y complicación:

. Es importante hacer llegar tu sentir a las personas dolientes. Por ejemplo, expresar pensamientos y emociones y también tu propio dolor ante la pérdida, compartiendo recuerdos, todo lo que ha dejado en nuestra vida la persona que ha fallecido. – Demostrar nuestro apoyo a través de contacto telefónico o por otros medios para expresar que te hubiese gustado acompañarlos en estos momentos.

2º. Ten en cuenta que las personas en duelo rara vez van a tomar la iniciativa de llamar, prueba a mandarle un WhatsApp viendo su disponibilidad para hablar y si al inicio no está receptivo/a, respeta su momento. Si lo deseas también puedes enviarle algún mensaje escrito o bien un video corto, solo o con otras personas allegadas. Aquí son recomendables frases de tipo “No es necesario que me contestes si no te apetece, solo quiero saber cómo te encuentras y que sepas que estoy disponible si te apetece hablar”, “Sólo quiero que sepas que estoy aquí́ para ti” ,“Me gustaría acompañarte en este momento, ojalá pudiéramos vernos y sino, quiero que sepas que me acuerdo de ti y te tengo presente” , “Si necesitas que hablemos puedes llamarme en cualquier momento”, “Te volveré́ a llamar por si te apetece hablar, aunque quiero que sepas también podemos compartir un silencio”.

3º. Si hablas con la persona en duelo, procura permitirle el desahogo, deja que exprese cómo se siente y lo mucho que echa de menos a la persona fallecida. Aquí es importante no minimizar el dolor con frases de tipo “Sé fuerte”, “Anímate”, “Hazlo por tus hijos u otras personas significativas.”, “Distráete que te irá bien”. “No llores más que te estás torturando, que no le dejas descansar.”,” La vida continúa”, “Ha sido la voluntad de Dios. Ahora ya no sufre.” “El primer año es el peor, luego ya verás.”, “¿Una baja laboral para vivir el duelo de tu expareja?” “¿Y no te diste cuenta de que se iba a morir?”. Si son niños/as, personas con discapacidad o personas mayores, evita frases de tipo “No sienten tanto”, “No se enteran”, “Mejor contarles una mentira”, “Que no vayan al funeral”

Y recuerda:

Una escucha honesta es la mejor medicina que podemos ofrecer al que pasa dolor

(J.Cameron)

Autora: Paola Cerviño Kaptur
Psicóloga en Nara Psicología

 

Bibliografía
Puigarnau, A. P. (2012). Las tareas del duelo: psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo-relacional. Grupo Planeta Spain.
Guía sobre Covid-19 Instituto IPIR 2020
Alba Payás: El mensaje de las lágrimas: una guía para superar la pérdida de un ser querido. Paidos Iberica, 2014.

¿Cómo reducir el riesgo de Trastorno de Estrés Postraumático o la sintomatología relacionado con la crisis por COVID-19?

¿Cómo reducir el riesgo de Trastorno de Estrés Postraumático o la sintomatología relacionado con la crisis por COVID-19?

Es normal sentir una sensación de desesperanza y soledad en estos tiempos.  Todas (o casi todas) las personas hemos podido preguntarnos en algún momento “¿Cuándo terminará esto? Y si alguna vez lo hace, ¿estaré bien?”

Es completamente normal sentir ansiedad en estos momentos, incluso cuando hemos superado las fases más graves. El riesgo de desarrollar una enfermedad potencialmente mortal junto con la pérdida de las rutinas o de aquello que generalmente nos da seguridad es un gran golpe que dejaría a cualquier persona sintiéndose nerviosa.

La pandemia de la COVID-19 tiene muchas fuentes potenciales de ser traumáticas, como experimentar la muerte de un ser querido. Para algunas personas, esto puede conducir al Trastorno de estrés Postraumático (TEPT). También puede exacerbar los síntomas de aquellas personas que ya presentaban TEPT.

La forma en que gestionamos el estrés, nuestras habilidades de afrontamiento y la confianza en nuestra capacidad para superar las situaciones adversas marca la diferencia en el resultado final. Se pueden desarrollar hábitos positivos y reducir los patrones de respuesta que predicen el desarrollo del Trastorno de Estrés Postraumático, en el que una situación o un evento que producen miedo, terror, incertidumbre; conduce a síntomas tales como flashbacks perturbadores y altos niveles de ansiedad. No podemos eliminar la tristeza y el miedo. Aunque estas emociones normalmente son señaladas como “emociones negativas” es fundamental destacar que todas las emociones son útiles, y nos preparan para la acción (ya sea huir, protegerse, etc.).

El TEPT puede afectar a las personas de manera diferente y está relacionado con presenciar, aprender o experimentar una situación traumática de alguna manera, directamente o por medio de una persona querida. Los síntomas generalmente se desarrollan poco después de la situación traumática, pero a veces pueden desarrollarse meses o años después.

Hay varios síntomas que caracterizan el TEPT:

  • Reexperimentar el trauma: una persona puede tener pesadillas o experimentar recuerdos relacionados con el evento traumático.
  • Evitación de situaciones: las personas pueden evitar situaciones o personas que le recuerden a la experiencia traumática.
  • Experimentar cambios negativos en las emociones y creencias: se pueden experimentar cambios en la forma en que piensa sobre sí misma y sobre las personas que le rodean; así como llegar a sentirse inundadas por emociones intensas asociadas al evento traumático.
  • Vivir en estado de hiperactivación: las personas con TEPT pueden experimentar dificultades para dormir y concentrarse, así como sobresaltarse con facilidad.

Toda la situación que hemos vivido en esta época puede exacerbar las dificultades psicológicas existentes y causar nuevos síntomas relacionados con el estrés.

Todas las personas hemos vivido esta situación y diferentes experiencias difíciles a nivel emocional (aislamiento, interrupción de las rutinas y de la vida diaria; desarrollo de la enfermedad con necesidad de hospitalización, contagio o incluso el fallecimiento de personas queridas), siendo éstas potencialmente traumáticas.

Las y los profesionales que han intervenido en primera línea tienen una mayor probabilidad de desarrollar TEPT. El trabajo durante y tras la pandemia ha creado entornos de trabajo muy estresantes para un gran número de personas.

Hay una serie de elementos a tener en cuenta para enfrentar esta situación:

Valora tu resiliencia

Aquí hay un pensamiento reconfortante en estos días oscuros. Para la mayoría de nosotros, «la respuesta más común al trauma es la resiliencia». De hecho, la gran mayoría de las personas que sufren un evento traumático con repercusiones emocionales se recuperan y no desarrollan cumplen con un TEPT.

Esperar que “va a ocurrir lo peor” predice un mayor riesgo de TEPT, y normalmente las personas nos enfrentamos a los desafíos mejor de lo que imaginamos. Por lo tanto, es fundamental expandir la perspectiva y considerar cómo cada persona ha gestionado los momentos estresantes en el pasado, y a revisar esto que nos recuerda que hemos sido capaces.

Para aquellas personas que están experimentando este tipo de emociones es importante señalar que diversas investigaciones demuestran que incluso los sentimientos más intensos de desesperación pasan, especialmente cuando se elaboran estrategias para sentirse mejor. Si no es así, busca ayuda psicológica.

Prioriza el bienestar propio

Durante y después de una crisis, es necesario permitirse descansar para calmarse y agregar actividades que hagan sentir bien, hacer algo que normalmente haría estando animada o animado para reducir el desarrollo de recuerdos traumáticos. 

Conecta y comparte

Otro recurso clave ahora, y siempre, es el apoyo social percibido: la sensación de que todas las personas podemos superar esto juntas. Todas formamos parte de una comunidad global que está pasando por lo mismo al mismo tiempo. Es necesario hablar sobre ello, aunque sea complicado poner las palabras. Confía en las demás personas sobre lo que estás experimentando. Probablemente habrá personas que se sientan de forma muy parecida a ti. Sentirse conectadas y conectados con las personas es un factor de protección contra el TEPT.

Revisa cómo te estás hablando a ti misma o ti mismo

Los pensamientos impactan poderosamente en tus emociones y sentimientos, tanto que las creencias también predicen el riesgo de TEPT. Presta atención al sentimiento de culpabilidad, a los mensajes que te das que te infravaloran o mensajes de incapacidad. Una forma de alejarse y/o detener este tipo de pensamientos es preguntarte si esto es útil para ti en este momento. Practica la autocompasión.

Si sientes que estás teniendo muchas dificultades, no dudes en pedir ayuda profesional. La terapia puede marcar la diferencia.

Laura Rodríguez-Mondragón

Psicóloga en Nara Psicología

La asertividad

La asertividad

Poder decir lo que realmente necesitas/sientes, expresar tus sentimientos, deseos, opiniones de un modo directo, firme y honesto, respetándote a ti misma/o y a tus sentimientos al mismo tiempo que respetas los sentimientos, actitudes, deseos y opiniones y derechos de las demás personas es una habilidad que en psicología se define como: asertividad.

Muchas veces se piensa que las personas “son” o “no son” asertivas, atribuyendo esta capacidad de expresar lo que opinan, sienten y desean a otras personas, como un rasgo de la personalidad que se tiene o no se tiene. Sin embargo, sabemos que el asertividad no es algo innato, con lo que se nace o no se nace, sino un conjunto de habilidades más o menos aprendidas a lo largo de nuestra historia de vida y que en algunos contextos están más o menos entrenadas.

Es importante que sepas que la asertividad varía en función del contexto/situaciones y culturas (no es universal). La literatura científica dice que está compuesta de tres aspectos:

1-Un aspecto conductual: cómo se comporta la persona, qué conductas realiza, etc.

2-Un aspecto personal-relacional: a quiénes van dirigidas esas conductas (no es lo mismo que sea a una amiga, a la pareja, a extraños, a relaciones de negocios, etc)

3-Un aspecto contextual-situacional: en qué lugar se realiza, en el ámbito privado o público, en el trabajo, en la calle, en casa, etc.

Además, se puede articular de múltiples formas: a través de la capacidad de decir no, pero también a través de la capacidad de pedir favores o de hacer peticiones, incluso expresando sentimientos positivos y negativos, iniciando, continuando y finalizando conversaciones etc.

Cuando interactuamos con las demás personas, muchas veces nos encontramos en la ambivalencia de tener que decidir entre dos posibles maneras de expresarnos o comportarnos que nos resultan igualmente no deseadas al producirse un conflicto de intereses entre lo que deseamos hacer y el que consideramos que debemos realizar. Por ejemplo: cuando nos piden hacer algo que no queremos hacer, podemos negarnos porque no es algo que nos interese, pero dicha egación puede hacer que nos sintamos culpables. Se trata de una situación que supone un conflicto entre nuestros intereses personales y nuestros deberes o la manera que consideramos que nos debemos comportar. En algunas ocasiones sentimos ansiedad o culpa por no hacer lo que consideramos “que debemos” hacer. Pero en otras ocasiones serán las demás personas quienes nos señalen esos “deberes” e un intento de influir en nuestro comportamiento,

Con el fin de preservar que las relaciones que establecemos con las otras personas se desarrollen de manera libre y voluntaria, a continuación, os presentamos los derechos asertivos que todas las personas poseemos:

DERECHOS ASERTIVOS
1.Tenemos derecho a valorar nuestro propio comportamiento, nuestros pensamientos y nuestras emociones y a tomar responsabilidad en su iniciación y de sus consecuencias.

2.Tenemos derecho a no dar razones o excusas para justificar nuestro comportamiento.

3. Tenemos derecho a juzgar si nos incumbe la responsabilidad de encontrar soluciones a los problemas de otras personas.

4.Tenemos derecho a cambiar de parecer.

5.Tenemos derecho a cometer errores y a ser responsables con ellos.

6.Tenemos derecho a decir “no lo sé”.

7.Tenemos derecho a ser independientes del afecto de laos demás para relacionarnos cn ellos

8.Tenemos derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica.

9.Tenemos derecho a decir “no lo entiendo”.

10.Tenemos derecho a decir “no me importa”.

 

Para finalizar, os contamos algunas técnicas que podemos emplear para hacer valer nuestros derechos asertivos y que podéis ir poniendo en práctica:

1-El disco rayado: Se trata de ser persistente y repetir en bucle lo que se quiere decir, pero sin enfadarse, ni irritarse, ni levantar la voz. Se trata de decir lo que se desea con voz tranquila, sin reaccionar a los intentos de insistencia del interlocutor: Ejemplo: “Sí, pero…”, “Sí, lo sé, pero mi punto de vista es…”, “Sí, pero yo decía…”

2-El compromiso viable: Cuando la persona con la que hablamos se muestra asertiva con nosotros/as y ceder terreno no supone doblegarse, siempre cabe llegar a un acuerdo de un compromiso que no afecte a nuestros sentimientos personales.

3-Aserción negativa: Se trata de responder a la crítica, pero separándolo del hecho de ser una buena o mala persona, de forma serena, sin adoptar actitudes defensivas o ansiosas. Ejemplo: “Sí, me olvidé de la cita que teníamos. Por lo general suelo ser más responsable” o “Ya me he dado cuenta, tengo una manera de andar muy particular.”

4-Claudicación simulada: Consiste en mostrarse de acuerdo con el argumento de la otra persona, pero sin cambiar de postura. Ejemplo “Es posible que tengas razón, seguramente podría ser más generoso/a…pero” o “Puede que tengas razón, pero…”

5-Banco de niebla: Permite aceptar las opiniones, deseos, sentimientos y objeciones de los demás, aunque no los compartamos. Ejemplo: “Es verdad lo que dices, pero aún así deseo…”, “Puede que tengas razón, pero…”

Y es que ya lo decía  Dostoiveski: “Si quieres ser respetado por los demás, lo mejor es respetarte a ti mismo. Sólo por eso, sólo por el propio respeto que te tengas, inspirarás a los otros a respetarte”.

 

Autora: Paola Cerviño Kaptur

Psicóloga de Nara Psicología

Afrontar la desescalada: ¿Sólo yo lo estoy haciendo bien?

Afrontar la desescalada: ¿Sólo yo lo estoy haciendo bien?

Mira ésa, lleva la mascarilla en el brazo, ¡bonito bolso se ha buscado!”, “¿Esos niños qué hacen jugando a estas horas por la calle?”, “La gente no respeta la distancia de seguridad, ¡Así nos luce el pelo!

Seguro que quienes lean este artículo se pueden sentir identificados/as con este tipo de frases; si no las ha escuchado, seguro que las ha pronunciado.

La Covid19 nos ha obligado a guardar una difícil cuarentena en casa y, ahora que nos permiten ir saliendo a la calle, tememos que todo el esfuerzo realizado meses atrás no haya merecido la pena. Esto provoca que nos miremos con  desconfianza, que emitamos juicios y valoraciones sobre el comportamiento ajeno como si nos hubiesen encomendado elaborar el arbitraje de una realidad que se escapa de nuestras manos.

Detrás de este tipo de actitudes pueden esconderse muchas emociones que podemos reconocer y validar: frustración, enfado, irritabilidad, tristeza, pesimismo, estrés,… y una emoción que nos viene acompañando durante este año 2020 y que produce una gran incomodidad para quien la experimenta: el miedo.

Desde el inicio de la pandemia, hemos percibido, como ciudadanos/as de a pie, que la expansión del virus parecía algo incontrolable. Estábamos encerrados/as en casa, cumplíamos las normas, pero aun así asistíamos a un ascenso progresivo de las cifras de muertes y contagios  que parecía no acabar nunca. Esto ha generado un sentimiento de indefensión generalizado entre todas las personas. Por mucho que nos esforzáramos leyendo artículos, comparando nuestra experiencia con la de otros países, etc… no éramos capaces de predecir la evolución de la pandemia y esto ha suscitado una sensación de gran vulnerabilidad frente a algo hostil y peligroso.

Así pues, sin darnos cuenta, hemos comenzado a emitir respuestas de hipervigilancia y hemos reproducido una alta reactividad frente a cualquier noticia relacionada con el Covid19. También nos hemos vuelto más reactivos/as frente al comportamiento de los/as demás porque hemos entendido que de esos comportamientos dependía que saliéramos de esta crisis o que, por el contrario, se alargase.

Ahora que nos han dado permiso para reunirnos, para sentarnos en las polémicas “terrazas”, que podemos hacer ejercicio, salir a los parques con los/as niños/as, etc… esta reactividad hacia la actuación del resto,  se manifiesta con mayor fuerza.

Estamos constatando que resulta más fácil “ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el nuestro”. La mayoría de los/las habitantes de nuestro país están cumpliendo las normas de seguridad promovidas por el Estado de Alarma. Son las personas que no siguen estas indicaciones, las excepciones a esta regla general, las que nos disparan la hipervigilancia y el enjuiciamiento.

Existe un sesgo al que nos vemos muy expuestos/as en el momento actual; el sesgo de abstracción selectiva o sesgo de confirmación. Según éste, tendemos a buscar en el entorno que nos rodea aquellos ejemplos que confirmen nuestras hipótesis (nos fijaríamos más en la gente que no lleva la mascarilla por la calle que en la gente que sí).

Entre esas personas infractoras nunca estamos nosotros/as. El ser humano cuenta con un mecanismo psicológico para aprobar comportamientos propios que sancionaríamos en los/as demás a través de un conjunto de estrategias para reducir la disonancia cognitiva. León Festinger, psicólogo social, fue el primero en definir este fenómeno como la incomodidad, tensión o ansiedad que experimentan los individuos cuando sus creencias o actitudes entran en conflicto con lo que hacen. Esta “incongruencia” puede llevar a un intento de cambio de la conducta o a defender sus creencias o actitudes (incluso llegando al autoengaño) para reducir el malestar que producen.

Por poner un ejemplo; probablemente no cumplamos los horarios de los paseos con peques porque, “si antes ya era difícil separarles de sus amiguitos/as, ahora que pasan el resto del día en casa aburridos/as, resulta una hazaña poder persuadirles para actuar según marcan las normas”. O, “me quito la mascarilla para correr, pero estoy actuando de manera responsable porque tengo cuidado de no acercarme a nadie mientras esto lo hago”.

Esto tendría guardaría una estrecha relación con el sesgo de correspondencia, por el que ante un comportamiento que puede ser percibido como erróneo (saltarse las normas del confinamiento), nos resulta más fácil justificar o disculpar nuestro incumplimiento que el de los demás.

La profesora de Psicología en la UCM, Carolina Marín lo explica así en un artículo del Diario El Confidencial: «Es la proyección: ver en el otro lo que tú estás haciendo mal… pero no verlo en ti mismo. Es un mecanismo de control, de defensa: ‘Yo lo estoy haciendo bien, pero el otro no’, o ‘Si los demás lo hicieran como yo, todo iría mejor. La proyección se hace siempre, en el día a día, con la pareja, con los amigos, con los familiares… Ahora lo hacemos a nivel social. Se está magnificando«.

De hecho, siguiendo lo que comenta Carolina, existen personas que ya antes de la pandemia tenían esa tendencia “externalizadora” a atribuir concepciones negativas en los/as demás, pero nunca en ellas mismas. Los/as externalizadores/as son sujetos que justifican todas las cosas negativas que suceden en sus vidas por motivos externos, que escapan de su control. En plena desescalada, se pueden hacer más visibles a través de discursos muy críticos y derrotistas que fomentan la intolerancia hacia los comportamientos ajenos.

Conductas como éstas nos pueden llevar a sentir que nos polarizamos en la observación de la conducta de los/as demás; “Patricia lo está haciendo mal, Juan y su familia lo están haciendo bien”, “Pedro vive en otro mundo, es un inconsciente”.

Desde Nara Psicología consideramos que este tipo de análisis pueden dañar no sólo a la persona que los emite, sino a las que reciben ese examen.

Probablemente no haya polos blancos o negros y estemos todos/as dentro de un margen grisáceo. La escala de los grises fomenta la comprensión y la empatía de la comunidad. Cuando nos polarizamos es cuando corremos el riesgo de experimentar emociones tóxicas y dolorosas que ningún bien nos hacen en este periodo confuso y complejo para todos/as.

Parece interesante, así pues, hacer una apelación a la humildad, a la autocrítica, y a la transigencia. Tenemos la seguridad de que estamos haciendo todo lo posible por salir de esta crisis, pero no es algo fácil y nunca antes nos habíamos enfrentado a algo así (al menos, las personas más jóvenes). Seamos compasivos/as con nosotros/as mismos/as y con los/as demás. Probablemente así sumemos fuerzas y nos sintamos con más energía para hacer frente a las dificultades presentes y futuras.

 

Camino Baró San Frutos. Terapeuta de Nara Psicología.

 

Referencia artículo: “Todos son idiotas menos tú:por qué crees ser el único sensato del covid (y no tienes razón)”. Publicado en El Confidencial por C. Otto, el 24/05/2020.