Imagina que sientes que tu pareja está predestinada y es la única que podrás tener. Imagina además que tu objetivo en la vida es conformar esa relación porque tu felicidad depende de ello. Si se enfada cuando tienes espacios privados o pasas tiempo con otras personas tienes que verlo como algo positivo. Por supuesto, no puedes sentir ninguna duda en la relación, ni preguntarte cómo sería tu vida con otra persona o en soledad. ¿Sería fácil para ti salir de esa relación si sientes que algo no va bien?

Los mitos del amor romántico no son todo el problema, pero son parte de él. Hablamos de ideas que nos llegan a través de fábulas, cuentos, películas, series, libros, amistades, familia… y quedan arraigadas, asociadas al amor. Entre ellos encontramos:

  • Mito de la media naranja: Nacemos a medias y solo nos completamos cuando encontramos a nuestra pareja ideal predestinada.
  • Mito del emparejamiento y exclusividad: La pareja es lo natural, es heterosexual y solo muestra el afecto en esa relación de a dos. No es posible que nos gusten varias personas a la vez.
  • Mito de los celos: Enriquecen la relación y son una prueba de amor.
  • Mito de la pasión eterna: La forma de sentir y expresar el amor no varía en intensidad desde el principio de la relación. Si la pasión acaba, quiere decir que ya no hay amor.
  • Mito de la omnipotencia: El amor mueve montañas. No importa qué precio haya que pagar.
  • Mito de la concepción mágica: El amor tiene una naturaleza ajena a la cultura, la sociedad y la biología.
  • Mito de la convivencia: El amor, si es verdadero, tiene que materializarse en la convivencia de la pareja en un primer momento. Después, el siguiente paso es el matrimonio.

Para que tengamos una idea del calado que tiene esto, preguntemos a quienes deciden lo que significan las palabras. Según la Real Academia de la Lengua Española el amor es:

“Del lat. amor, -ōris.

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.”

En realidad, las relaciones afectivas tienen son muy distintas. Cada una se conforma, se mantiene (y a veces también se disuelve) de manera variada. Sin embargo, podemos decir que las relaciones sanas tienen en común:

  • Respeto y libertad: Para sentir que somos personas válidas y poder tomar decisiones sin miedo.
  • Ternura y buen trato: Poder dar y recibir cariño de manera equilibrada.
  • Aceptación y apoyo: Sin pretender cambiar a la otra persona, acompañando en el crecimiento conjunto.
  • Equilibrio entre lo íntimo y lo social: Es importante pasar tiempo con quienes son muy cercanos, pero también lo es reservarnos para quién no vemos tan a menudo.
  • Diversión y placer: Reír, disfrutar. A veces olvidamos lo importante que es.

 

Autor: Jacobo Blanco

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