Hemos pasado varios meses sin poder salir de casa y si ya estábamos un poco enganchadas y enganchados a las pantallas, el confinamiento ha incrementado mucho las horas de uso de las tecnologías y la dependencia de estas. Tenemos que agradecerles habernos hecho más liviano este periodo, permitiéndonos ver a nuestros seres queridos por videollamada y entreteniendo a nuestras hijas e hijos mientras teletrabajábamos (entre otras muchas cosas), pero ya estamos en otra fase. Ahora toca que nos despeguemos un poco de la descarga de dopamina inmediata que nos ofrece la pantalla y busquemos nuevas formas de producir esta sustancia, más sanas a nivel físico y emocional.

¿Cómo podemos hacer esto?

Hacer planes al aire libre que no impliquen la tecnología. Dar un paseo por el campo o pasar el día en la playa (respetando las medidas de seguridad y el uso de mascarilla), dejando el teléfono móvil en el coche o en casa. Es posible que sintamos cierta ansiedad al no llevar el móvil encima, lo cual es una señal de que lo estamos usando más de la cuenta. Respiremos profundamente y dejemos que la ansiedad se pase de forma natural sin recurrir a la pantalla, ya que es la única manera de lograr nuestro objetivo de disminuir el uso de estas.

Si no es posible para nosotras dejar el móvil, ya que sentimos que tenemos que estar comunicadas por alguna razón, podemos probar a desconectar los datos durante un rato. Esto lo podemos hacer en cualquier momento, ya sea en casa o fuera de casa, por ejemplo, cuando estemos con los amigos y amigas o con la familia. Ahora que podemos verlos en carne y hueso, si les damos toda nuestra atención, además de disfrutar de su compañía, aprovechamos para desconectar un poco de las pantallas.

Otra opción es no llevarnos los aparatos tecnológicos al lugar en el que dormimos, así evitamos mirarlos justo antes de dormir y a primera hora al despertar. Es un buen momento de mirar a la persona con la que estamos durmiendo, de hacer una reflexión sobre el día que hemos tenido, pensar en la playa a la que nos vamos a ir en vacaciones, hacer una técnica de relajación o mirar por la ventana según nos levantamos.

Puede ser un buen momento para pasarnos por la biblioteca y coger una novela entretenida o comprarnos una caja de lápices de colores y un cuaderno para dejar volar nuestra creatividad. Esto son opciones que se me ocurren para hacer cosas distintas con el objetivo de desconectar un poco de la sobredosis de pantallas de los últimos meses, pero cualquier cosa que te guste o que en algún momento te haya gustado hacer es una buena opción: coser, tocar un instrumento, cocinar…

En definitiva y como conclusión, se trata de encontrar la manera de poner límites a nuestro uso de la tecnología, de manera similar a la que se los pondríamos a nuestros hijos e hijas o a comer demasiados dulces. ¿Se os ocurren otras formas a vosotros y vosotras de reducir el uso de las pantallas?

 

Inés Alonso Apausa.

Psicoterapeuta de Nara Psicología

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