Llevabas un tiempo esperando las vacaciones. El trabajo se hacía más llevadero organizando los planes de veraneo y fantaseando con la playa. Aparecía una sonrisa en tu cara cuando mirabas el calendario y te dabas cuenta de que faltaba un día menos para descansar unos días de las responsabilidades laborales…

Si te sientes identificada con estas afirmaciones en pasado, significa que ya estás de vuelta de unas merecidas y deseadas vacaciones. Se habla mucho de la depresión post vacacional y es que, por mucho que nos guste nuestro trabajo (si tenemos esa suerte), tener tiempo para hacer otras cosas o simplemente descansar, es necesario y placentero para casi cualquier persona. 

Más allá de crear una categoría diagnóstica para este fenómeno tan generalizado y de corta duración (no suele durar más de 2 o 3 semanas), lo que está claro es que muchas veces cuesta volver al trabajo y nuestro estado de ánimo decae… a algunas personas nos falta motivación y nos replanteamos nuestra vida entera y a otras nos parece un mundo lo que antes de vacaciones hacíamos con soltura. 

No es un misterio el por qué de este malestar, aunque puede ser un momento ideal para descubrir qué es lo que nos está costando a cada uno/a en particular. Esto nos va a dar mucha información de nosotros y nosotras mismas. Por ejemplo, es posible que a unas personas lo que le cueste sea adaptar el horario a despertarse temprano, a otras personas la responsabilidad que conlleva su trabajo, a otras que sea demasiado repetitivo… Tener esta información nos puede servir para conocernos más y para intentar relativizar estos aspectos, aceptando que este malestar nos va a acompañar unos días. Si esta sensación de malestar no se pasa una vez acabado el periodo de adaptación post vacacional, entonces tendremos que plantearnos qué está sucediendo en nuestra relación con el trabajo e intentar tomar medidas al respecto.

Os estaréis preguntando quizá si existe alguna fórmula psicológica mágica para eliminar esta sensación tan desagradable… la respuesta es que no, no existe esta fórmula que elimine la sensación y es que es importante recordar que las sensaciones desagradables forman parte de la vida. Eso sí, teniendo en cuenta que las sensaciones nos están dando información de nosotros mismos, de lo que necesitamos y de lo que deseamos. Por tanto, si la sensación desagradable que viene a informarnos de que estábamos más a gustito en la playa que en la oficina, se mantiene a largo plazo y nos dificulta el día a día, es importante mirar qué nos está pasando y aceptar que es posible que tengamos que hacer ciertos cambios en nuestro trabajo o en nuestra forma de relacionarnos con él.

Pese a que no hay fórmulas mágicas que eliminen la sensación, si que podemos hacer ciertas cosas para aliviar y hacer más llevadera la vuelta al trabajo. Si tu trabajo es flexible y te permite adaptar progresivamente el horario, hazlo. Si puedes salir a comer al aire libre con tus compañeros y compañeras para aprovechar el buen tiempo que sigue haciendo, hazlo. Lo importante aquí es escucharnos, mimarnos y ser flexibles con nosotros y nosotras mismas.

Inés Alonso Apausa
Psicóloga de Nara Psicología
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