Duelo Perinatal: el dolor invisible

El duelo perinatal, la pérdida de un bebé antes, durante o poco después del parto, puede tener repercusiones físicas y psicológicas duraderas para las familias. A menudo, esta forma de pérdida es menos reconocida y comprendida en comparación con otras formas de duelo, lo que puede llevar a que las personas dolientes sientan aislamiento. Es una pérdida que no tiene nombre. Cuando fallece nuestra pareja nos llaman viudos/as, cuando fallece un padre o madre se nos llama huérfanos/as, en cambio, no existe ninguna palabra en ningún idioma para la pérdida de un hijo o una hija.

El duelo perinatal se refiere a la pérdida de un bebé en cualquier momento desde la concepción hasta el primer año de vida. Esto puede incluir la pérdida durante el embarazo debido a un aborto espontáneo, un aborto inducido, complicaciones médicas, muerte fetal, muerte neonatal temprana o cualquier otra circunstancia relacionada con el embarazo o el parto.

Estos duelos tienen ciertas características que lo hacen difícil de elaborar e integrar. Es un duelo desautorizado y socialmente no aceptado debido a que al no haber conocido al bebé parece que las familias no puedan sufrir por algo “inexistente”. Además de que la muerte en la infancia es un tema tabú por lo que no se permite hablar de ello ni se permite estar triste, además la cultura de los países occidentales alimenta la huida del dolor. Frases como “ya tendréis otro” son comunes y pueden generar mucho daño en las familias que afrontan la pérdida.

A veces también las mujeres y las familias se enfrentan a tomar decisiones apresuradas sobre si se interrumpe el embarazo, de qué forma se interrumpe, si quieren parto o conocer al bebé, o si quieren hacer ciertos rituales de despedida y guardar objetos y fotos. Además, las mujeres se tienen que enfrentar a la subida de leche y a todos los cambios de su cuerpo relacionados con el embarazo y en algunos casos, el parto.

El duelo perinatal también puede tener un impacto significativo en las relaciones familiares, especialmente en la pareja, ya que cada parte puede experimentar y expresar su dolor de manera diferente por ello un acompañamiento especializado o grupos de apoyo con otras familias que han pasado por el mismo tipo de pérdida podría ser de gran ayuda.

Hoy en día, en algunos hospitales se favorece que las familias puedan conocer al bebé y puedan hacer ciertos rituales de despedida como una caja de recuerdos guardándose objetos como un mechón de pelo, la pinza del cordón umbilical o la huella del pie. Además de poder hacer fotos favoreciendo la integración de la pérdida y haciéndola real. En estos rituales es importante utilizar el nombre del bebé si ya se lo han puesto para reconocer el apego que ya existía y el vínculo con el hijo/a fallecido/a.

El 15 de octubre se ha establecido como Día Internacional de las Pérdidas Gestacionales y Neonatales que es un reconocimiento social de la importancia que tiene esta pérdida.

 

Paloma García Bas

Psicoterapeuta en Nara Psicología

 

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