Es normal sentir una sensación de desesperanza y soledad en estos tiempos.  Todas (o casi todas) las personas hemos podido preguntarnos en algún momento “¿Cuándo terminará esto? Y si alguna vez lo hace, ¿estaré bien?”

Es completamente normal sentir ansiedad en estos momentos, incluso cuando hemos superado las fases más graves. El riesgo de desarrollar una enfermedad potencialmente mortal junto con la pérdida de las rutinas o de aquello que generalmente nos da seguridad es un gran golpe que dejaría a cualquier persona sintiéndose nerviosa.

La pandemia de la COVID-19 tiene muchas fuentes potenciales de ser traumáticas, como experimentar la muerte de un ser querido. Para algunas personas, esto puede conducir al Trastorno de estrés Postraumático (TEPT). También puede exacerbar los síntomas de aquellas personas que ya presentaban TEPT.

La forma en que gestionamos el estrés, nuestras habilidades de afrontamiento y la confianza en nuestra capacidad para superar las situaciones adversas marca la diferencia en el resultado final. Se pueden desarrollar hábitos positivos y reducir los patrones de respuesta que predicen el desarrollo del Trastorno de Estrés Postraumático, en el que una situación o un evento que producen miedo, terror, incertidumbre; conduce a síntomas tales como flashbacks perturbadores y altos niveles de ansiedad. No podemos eliminar la tristeza y el miedo. Aunque estas emociones normalmente son señaladas como “emociones negativas” es fundamental destacar que todas las emociones son útiles, y nos preparan para la acción (ya sea huir, protegerse, etc.).

El TEPT puede afectar a las personas de manera diferente y está relacionado con presenciar, aprender o experimentar una situación traumática de alguna manera, directamente o por medio de una persona querida. Los síntomas generalmente se desarrollan poco después de la situación traumática, pero a veces pueden desarrollarse meses o años después.

Hay varios síntomas que caracterizan el TEPT:

  • Reexperimentar el trauma: una persona puede tener pesadillas o experimentar recuerdos relacionados con el evento traumático.
  • Evitación de situaciones: las personas pueden evitar situaciones o personas que le recuerden a la experiencia traumática.
  • Experimentar cambios negativos en las emociones y creencias: se pueden experimentar cambios en la forma en que piensa sobre sí misma y sobre las personas que le rodean; así como llegar a sentirse inundadas por emociones intensas asociadas al evento traumático.
  • Vivir en estado de hiperactivación: las personas con TEPT pueden experimentar dificultades para dormir y concentrarse, así como sobresaltarse con facilidad.

Toda la situación que hemos vivido en esta época puede exacerbar las dificultades psicológicas existentes y causar nuevos síntomas relacionados con el estrés.

Todas las personas hemos vivido esta situación y diferentes experiencias difíciles a nivel emocional (aislamiento, interrupción de las rutinas y de la vida diaria; desarrollo de la enfermedad con necesidad de hospitalización, contagio o incluso el fallecimiento de personas queridas), siendo éstas potencialmente traumáticas.

Las y los profesionales que han intervenido en primera línea tienen una mayor probabilidad de desarrollar TEPT. El trabajo durante y tras la pandemia ha creado entornos de trabajo muy estresantes para un gran número de personas.

Hay una serie de elementos a tener en cuenta para enfrentar esta situación:

Valora tu resiliencia

Aquí hay un pensamiento reconfortante en estos días oscuros. Para la mayoría de nosotros, «la respuesta más común al trauma es la resiliencia». De hecho, la gran mayoría de las personas que sufren un evento traumático con repercusiones emocionales se recuperan y no desarrollan cumplen con un TEPT.

Esperar que “va a ocurrir lo peor” predice un mayor riesgo de TEPT, y normalmente las personas nos enfrentamos a los desafíos mejor de lo que imaginamos. Por lo tanto, es fundamental expandir la perspectiva y considerar cómo cada persona ha gestionado los momentos estresantes en el pasado, y a revisar esto que nos recuerda que hemos sido capaces.

Para aquellas personas que están experimentando este tipo de emociones es importante señalar que diversas investigaciones demuestran que incluso los sentimientos más intensos de desesperación pasan, especialmente cuando se elaboran estrategias para sentirse mejor. Si no es así, busca ayuda psicológica.

Prioriza el bienestar propio

Durante y después de una crisis, es necesario permitirse descansar para calmarse y agregar actividades que hagan sentir bien, hacer algo que normalmente haría estando animada o animado para reducir el desarrollo de recuerdos traumáticos. 

Conecta y comparte

Otro recurso clave ahora, y siempre, es el apoyo social percibido: la sensación de que todas las personas podemos superar esto juntas. Todas formamos parte de una comunidad global que está pasando por lo mismo al mismo tiempo. Es necesario hablar sobre ello, aunque sea complicado poner las palabras. Confía en las demás personas sobre lo que estás experimentando. Probablemente habrá personas que se sientan de forma muy parecida a ti. Sentirse conectadas y conectados con las personas es un factor de protección contra el TEPT.

Revisa cómo te estás hablando a ti misma o ti mismo

Los pensamientos impactan poderosamente en tus emociones y sentimientos, tanto que las creencias también predicen el riesgo de TEPT. Presta atención al sentimiento de culpabilidad, a los mensajes que te das que te infravaloran o mensajes de incapacidad. Una forma de alejarse y/o detener este tipo de pensamientos es preguntarte si esto es útil para ti en este momento. Practica la autocompasión.

Si sientes que estás teniendo muchas dificultades, no dudes en pedir ayuda profesional. La terapia puede marcar la diferencia.

Laura Rodríguez-Mondragón

Psicóloga en Nara Psicología

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