¿Y si tu verano no se parece al de Instagram?

Playas, planes y sonrisas: agosto llega cargado de imágenes perfectas que pueden hacerte...

¿Y si tu verano no se parece al de Instagram?

Abres el móvil y ahí está: todo el mundo parece estar viviendo un agosto luminoso menos tú. Y aparece esa sensación incómoda de estar haciéndolo mal.

Agosto tiene una promesa implícita: descansar, disfrutar, desconectar. Una promesa que se refuerza cada vez que abrimos las redes sociales y nos encontramos con la mejor versión, cuidadosamente elegida, del verano de los demás. Si tu agosto está siendo más gris, más caro, más solitario o simplemente más normal de lo que esperabas, esa comparación puede doler.

La presión de «aprovechar» el verano

Vivimos en una cultura que ha convertido el descanso en otra tarea que hay que rendir bien. No basta con parar: hay que parar de forma interesante, fotografiable y compartible. Cuando el descanso se transforma en una exigencia más, deja de descansar.

En consulta escuchamos a menudo frases como «tengo todo el mes libre y no lo estoy aprovechando» o «me da vergüenza decir que me quedo en Madrid». Detrás de ellas casi nunca hay pereza. Hay cansancio acumulado, hay economía real, hay responsabilidades de cuidado que no se van de vacaciones, y hay una vara de medir que hemos interiorizado sin darnos cuenta.

Lo que las redes no te cuentan

Una fotografía es un recorte. No aparece la discusión de camino al aeropuerto, ni el agobio por la factura, ni el rato de aburrimiento antes de la puesta de sol. Comparar tu día completo —con sus horas planas y sus preocupaciones— con el minuto más brillante del día de otra persona es una comparación que siempre vas a perder, porque está trucada de origen.

El problema no es mirar. El problema aparece cuando lo que ves deja de ser información y se convierte en evidencia de que algo va mal contigo.

Idea clave: la comparación no mide tu vida, mide la distancia entre tu vida real y una imagen editada. Cuando esa distancia empieza a doler, no es tu verano el que necesita cambiar: es la vara con la que lo estás midiendo.

Cuando la comparación se convierte en malestar

Hay señales que conviene escuchar. Presta atención si te reconoces en varias de estas:

  • Terminas de mirar el móvil con peor ánimo del que tenías al empezar, casi siempre.
  • Estás viviendo planes pensando en cómo van a contarse, más que en cómo se sienten.
  • Te descubres justificando ante los demás lo que estás haciendo estas semanas.
  • Aparece un fondo de tristeza o irritabilidad que no sabes bien a qué atribuir.

Ninguna de estas señales es grave por sí sola. Juntas, suelen indicar que llevas un tiempo relacionándote contigo desde la exigencia y no desde el cuidado.

Volver a tu propia medida

No se trata de dejar las redes ni de fingir que no te afectan. Se trata de recuperar el criterio propio:

  • Pregúntate qué necesitas tú, no qué se supone que hay que hacer en agosto. A veces la respuesta es un plan; muchas veces es dormir.
  • Nombra lo que sí ha habido. Un rato de silencio, una conversación buena, un día sin prisa. Cuentan, aunque no se fotografíen.
  • Pon límites al scroll, sobre todo en los momentos en que estás más vulnerable: al despertar y antes de dormir.
  • Habla de ello. Decir en voz alta «este verano me está costando» suele descubrir que no eras la única persona que lo pensaba.

Si esa sensación de estar quedándote fuera te acompaña también el resto del año, quizá no hable de agosto, sino de cómo te estás mirando. Y eso sí se puede trabajar.

¿Te gustaría hablarlo con alguien? En Nara Psicología acompañamos procesos como este desde una mirada relacional y con perspectiva de género, en nuestros centros de Delicias (Madrid) y Rivas-Vaciamadrid, o en formato online. La primera sesión es informativa y gratuita: un espacio para contarnos qué te pasa y decidir con calma si quieres seguir.

Necesitas ayuda?