Septiembre no es enero: la trampa de reinventarte cada nueva etapa
Septiembre llega con la promesa silenciosa de que esta vez sí. Y con la exigencia, también silenciosa, de convertirte en otra persona antes de octubre.
Hay dos septiembres. Uno es el real: retomar, ordenar, volver a un ritmo. El otro es el que nos vendemos: el del cambio total, la disciplina impecable y la vida por fin bajo control. El segundo agota antes de empezar.
El síndrome de la nueva versión de ti
La idea de que cada etapa exige una mejora es tan cotidiana que cuesta verla. Pero fíjate en la lógica que hay debajo: si necesito una versión mejor de mí, es porque la actual no vale. Los cambios que nacen de ahí suelen durar poco, no por falta de fuerza de voluntad, sino porque están construidos sobre el rechazo a uno mismo. Y nadie sostiene mucho tiempo un proyecto cuyo motor es sentirse insuficiente.
📷 Imagen pendiente de subir. Sugerencia: un cuaderno con una lista escrita a mano sobre una mesa de madera, taza al lado; luz suave, tono íntimo.
Autoexigencia disfrazada de motivación
La autoexigencia tiene buena prensa: suena a ambición, a responsabilidad, a estándares altos. Pero se reconoce por sus efectos. La motivación sana da energía; la autoexigencia la consume. La motivación permite ajustar el plan; la autoexigencia convierte cualquier desvío en un fracaso moral. La motivación tolera el descanso; la autoexigencia lo castiga con culpa.
Si al terminar el día tu balance interno es siempre una lista de lo que no has hecho, no tienes un problema de organización. Tienes una vara de medir que no perdona.
Idea clave: hay cambios que consisten en hacer más de lo mismo con más empeño, y cambios que consisten en cuestionar la regla que sostiene el problema. Los primeros suelen dejarte igual pero más cansada. Los segundos son los que de verdad mueven algo.
Cómo plantear objetivos que no te castiguen
- Uno, no siete. Elegir un solo cambio no es conformarse: es la única forma realista de que sobreviva a octubre.
- Define el mínimo, no el máximo. «Salgo a andar diez minutos» se cumple los días malos; «corro cinco kilómetros» se abandona el primer día regular.
- Pregúntate para quién es. Hay objetivos que no son tuyos: son de la mirada de otros. Suelen notarse porque no producen ninguna alegría al cumplirlos.
- Cuenta con los días flojos desde el principio. Un plan que solo funciona si todo va bien no es un plan.
- Revisa el lenguaje. «Debería» y «tengo que» construyen deuda. «Quiero» y «elijo» construyen dirección.
Cuando la exigencia viene de lejos
Para muchas personas —y de forma especialmente frecuente en mujeres que llevan años sosteniendo trabajo, cuidados y casa— la autoexigencia no es un hábito reciente: es una manera aprendida muy pronto de sentirse merecedora de aprobación. Ahí no basta con reorganizar la agenda. Ahí ayuda entender de dónde viene esa voz y con qué se la puede sustituir, que es exactamente el tipo de trabajo que hacemos en terapia.
¿Te gustaría hablarlo con alguien? En Nara Psicología acompañamos procesos como este desde una mirada relacional y con perspectiva de género, en nuestros centros de Delicias (Madrid) y Rivas-Vaciamadrid, o en formato online. La primera sesión es informativa y gratuita: un espacio para contarnos qué te pasa y decidir con calma si quieres seguir.