La cuesta de septiembre empieza en agosto: cuando la vuelta te ocupa el descanso
Aún estás de vacaciones, pero tu cabeza ya ha vuelto. Hace listas, calcula gastos, ensaya conversaciones. Y el descanso se te escapa entre los dedos.
Hay una parte del verano que casi nadie cuenta: la segunda quincena de agosto, cuando el calendario empieza a estrecharse y aparece esa mezcla de nostalgia y aprensión. No es que estés triste exactamente. Es que ya no estás del todo aquí.
Cuando el futuro ocupa el presente
La ansiedad anticipatoria es esa manera que tiene la mente de intentar protegernos: si imagino todos los escenarios posibles, quizá pueda evitar el que me asusta. El problema es que el cuerpo no distingue bien entre lo imaginado y lo vivido. Cada vez que ensayas mentalmente la reunión de septiembre, tu sistema nervioso la vive un poquito.
Así, acabas pagando dos veces: una ahora, anticipando, y otra en septiembre, viviéndolo. Y el descanso, que era justamente lo que ibas a necesitar para afrontarlo, se queda sin espacio.
📷 Imagen pendiente de subir. Sugerencia: un calendario o agenda abierta sobre una mesa con luz natural, en segundo plano una ventana de verano; tono cálido, nada de imágenes de estrés exageradas.
Señales de que te está pasando
- Te cuesta dormir o te despiertas con la lista de pendientes ya montada.
- Estás en un plan agradable y una parte de ti está calculando cuántos días quedan.
- Aparecen síntomas físicos —tensión en la mandíbula, en el estómago, en los hombros— sin causa clara.
- Te irritas con facilidad con quienes tienes cerca, precisamente cuando querías disfrutar de ellos.
- Sientes culpa por no estar aprovechando lo que queda, lo cual añade una vuelta más a la rueda.
Idea clave: anticipar no es prepararse. Prepararse es dar un paso concreto y volver al presente; anticipar es repasar el mismo escenario una y otra vez sin que cambie nada. Si al terminar de pensarlo no hay una acción posible, no estabas planificando.
Aterrizar la vuelta sin que se lo lleve todo
La estrategia no es dejar de pensar en septiembre —eso rara vez funciona—, sino darle un lugar acotado:
- Reserva un rato concreto, una vez por semana, para lo práctico: material escolar, agenda, gestiones. Fuera de ese rato, cuando aparezca el pensamiento, puedes decirte «esto lo veo el jueves».
- Escríbelo. Sacar la lista de la cabeza al papel reduce la sensación de que se te va a olvidar algo, que es lo que mantiene el bucle girando.
- Separa lo que depende de ti de lo que no. Buena parte de lo que te preocupa de septiembre todavía no ha ocurrido y puede no ocurrir.
- Vuelve al cuerpo. Una caminata, una ducha larga, respirar contando. No es magia: es la manera más rápida de recordarle a tu sistema nervioso dónde estás realmente.
- Planifica una transición amable. Si puedes, no vuelvas al trabajo el mismo día que llegas de viaje. Un día colchón cambia mucho la experiencia.
Cuándo merece la pena consultarlo
Si esta anticipación no es solo de agosto —si vives buena parte del año adelantándote a lo que puede salir mal, y eso te está costando sueño, relaciones o disfrute—, es un patrón que se puede trabajar. La ansiedad anticipatoria responde bien a la terapia, y no hace falta esperar a que sea insoportable para pedir ayuda.
¿Te gustaría hablarlo con alguien? En Nara Psicología acompañamos procesos como este desde una mirada relacional y con perspectiva de género, en nuestros centros de Delicias (Madrid) y Rivas-Vaciamadrid, o en formato online. La primera sesión es informativa y gratuita: un espacio para contarnos qué te pasa y decidir con calma si quieres seguir.